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Ánimo Para la Mujer - La Semana del 18 de Septiembre

  • 2013 Sep 18
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CUANDO LA PESIÓN TE DETRUYE

Por Glynnis Whitwer

 “Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida: nos sentíamos como sentenciados a muerte. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios, que resucita a los muertos.”2 Corintios 1:8b, 9b (NVI)        

Lectura:

Parecía que la presión llegaba de todas direcciones. Era implacable. Las presiones financieras trajeron preocupación. Los problemas con los niños trajeron frustración. Y un horario sobrecargado me mantenía despierta toda la noche. Era tan malo que quería hacer una hoguera con todas mis listas de tareas y quemarlas.

Ya que soy una persona muy independiente por naturaleza, mis instintos me llevaron a trabajar más duro. ¿Cómo puedo hacer más dinero? ¿Qué nueva técnica de crianza haría que este niño se comporte? ¿Si me quedo despierta toda una noche, podría tener mis correos electrónicos en un número manejable?

Aceleré el ritmo. Trabajaba con entusiasmo. Dormía menos. Establecí consecuencias lógicas para mi hijo. Y reescribí mi lista de tareas. Estaba decidida a lograrlo. Después de todo, eso es lo que soy... al menos eso era yo.

En el pasado, mis intentos de llanero solitario funcionaron. Pero no esta vez.

Las deudas se acumulaban. Los problemas de mi hijo aumentaban. Y, por consiguiente, me atrasaba. La presión solo seguía aumentando en lugar de desaparecer.

Nunca antes en mi vida las circunstancias habían estado de manera tan abrumadora fuera de mi control. Estaba rodeada de cosas que no podía mejorar, incluyendo mis propias emociones. Me sentía fracasada y estaba tan avergonzada de no poder manejar las tareas que Dios me había dado. Finalmente, sin soluciones a la vista, rompí en llanto delante Dios, clamando en desesperación, segura de que él estaría tan decepcionado de mí como lo estaba yo.

Después de todo, se suponía que yo fuera la chica con la que él podía contar. Yo era la confiable. Y ahí estaba yo, hecha pedazos.

Con mis emociones vueltas un nudo, derramé ante Dios todos mis miedos, debilidades e inseguridades. Incluso mis oraciones parecían mezcladas e incoherentes. Y en medio de mis lágrimas declaré: "¡Ni siquiera puedo orar correctamente!" Nunca había necesitado más de Dios. Bueno, para ser honesta, nunca realmente había necesitado a Dios.

Después de aquel quebrantamiento, algo empezó a cambiar en mí. Fue sutil, como el amanecer, cuando momentos de tono negro comienzan a tomar forma.

Mi autosuficiencia estaba desapareciendo y era reemplazada por la dependencia de Dios. La paz se infiltró donde no lo esperaba. Las circunstancias no cambiaron, pero mi entendimiento sí cambió. Dios nunca necesitó depender de mí... yo debía depender de Él.

Aunque había sido cristiana durante muchos años, amando y siguiendo a Dios con lo que yo pensaba que era todo mi corazón, parecía que había mantenido algo escondido. En medio de aquel momento tipo olla de presión, entendí que creer en Dios no es lo mismo que confiar en Él. Dios usó la presión trituradora para conducirme a la dependencia que libera.

Hace poco leí en 1 Corintios algo que resumía perfectamente lo que Dios me enseñó durante ese tiempo: "Estábamos bajo gran presión, más allá de nuestra capacidad para soportar, para que nos se desesperó de la vida misma... Pero esto sucedió que no podemos confiar en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos. Él nos ha librado de un peligro tan mortal, y él nos entregará otra vez. De él hemos puesto nuestra esperanza de que él continuará líbranos” (vv. 8b, 9b-10).

La presión en la vida nunca es fácil. Pero Dios puede utilizarla para llevar nuestra fe a nivel más profundo si se lo permitimos. Para mí comenzó al admitir mi insuficiencia, y al entender que Dios no estaba decepcionado por esa confesión. De hecho, él me invita a que lo necesite.

Padre amado, por favor perdóname por todas las veces que he dicho con mis acciones "no te necesito". Admito que no puedo manejar mi vida sola y necesito tu ayuda. Gracias por ser suficiente y todopoderoso y amarme lo suficiente como para que nunca te dé vergüenza por lo que no puedo manejar. Te amo. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:

¿Cuál es tu reacción típica cuando enfrentas un problema?

Si supieras sin lugar a dudas que Dios te ayudará en tu hora de necesidad, ¿cómo cambiarían las cosas para ti?

Versículos poderosos:
2 Corintios 4:8-9, “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.”  (NVI)

Romanos 15:13, “Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (NVI)

© 2013  de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.  

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