Micah 1

En la lectura de hoy:

El juicio pendiente contra Israel y Judá; el futuro rescate del remanente; el nacimiento de Cristo es predicho; el juicio y la misericordia del Señor

Excepto por el rey David, todos los reyes de Judá habían nacido en Jerusalén — la ciudad de Dios. Pero, 700 años antes del nacimiento de Jesucristo, el profeta Miqueas fue guiado a profetizar: «Pero tú, Belén Éfrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad» (Miqueas 5:2).

Al tiempo establecido por Dios, « . . . se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. . . . Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David» (Lucas 2:1,4). Por ser descendiente del rey David, José tuvo que ir a su pueblo natal de Belén para registrarse. Al dar este mandato desde Roma, Augusto César solamente estaba pensando en su reino. Sin embargo, el Dios Soberano, quien determina la historia, usó la autoridad de este emperador pagano para llevar a cabo el cumplimiento de la profecía de Miqueas.

Puede que la declaración más significante de la profecía de Miqueas fue esta: « . . . y Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad». Esto claramente proclama la Deidad y la existencia eterna del Rey Redentor. Él no podía ser el Salvador de la humanidad y haber sufrido por los pecados del mundo si Él hubiera heredado una naturaleza pecaminosa tal y como la de todos los humanos. Por eso, Jesús, el Hijo de Dios, nació de la virgen María sin un padre humano. El ángel Gabriel le anunció a María: «Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un Hijo, y llamarás Su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo . . . y Su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:31-35).

Jesucristo nunca dejó de ser el Dios Eterno. Sin embargo, « . . . se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Filipenses 2:7). Pero por ser humanos, por ser descendientes de Adán, todos nosotros hemos heredado una naturaleza pecaminosa pues: « . . . Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de Uno (Jesucristo), los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:17-19).

Pensamiento para hoy:

Los hombres sabios siguen a Jesucristo sin cuidado de lo que otras personas hagan.

Versículo de la semana para aprender de memoria: Santiago 1:12