La perseverancia en la oración

ROMANOS 12.11-13

Como pastor, hablo con muchas personas acerca de su vida espiritual. Por estas conversaciones, sé que la mayoría de ellas no están satisfechas con su vida de oración. Les falta esperanza y fe, y el tiempo con Dios les parece vacío. Esta es la razón, muy probablemente, por la que muchos cristianos oran tan poco y tan desapasionadamente.

Ayer comenzamos a ver los obstáculos para una vida vigorosa de oración. Veamos hoy un obstáculo más que bloquea la comunicación vibrante entre Dios y nosotros: la impaciencia.

La mayoría de nosotros hemos traído, en algún momento, nuestras súplicas al Señor Jesús con intensidad, pero no hemos visto los resultados deseados. Lamentablemente, los seres humanos somos, por naturaleza, asustadizos. Nos produce hastío preguntar y escuchar cuando lo único que percibimos es el silencio. Recuerde, sin embargo, que Dios no es un “botones cósmico”; Él no actúa en el instante preciso que lo llamamos. De hecho, si pudiéramos ver todo el panorama como Él, esperaríamos con alegría su método y su momento.

En realidad, creo que somos favorecidos al no recibir todo lo que pedimos. Si estamos totalmente satisfechos con la presencia del Señor, nuestra relación con Él florecerá, aunque no recibamos todo lo que pidamos.

  Si clamamos a Dios con empeño y nada cambia, pueden que con el tiempo se creen barreras; pero siga orando. Más allá de esta “pared”, usted sentirá la presencia de Dios, donde encontrará paz, gozo y destellos maravillosos de su gloria, independientemente de la respuesta que reciba.

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