Abril 19/20

Un día de reposo sombrío

John 19:13-42

Así como Cristo descansó una vez en la popa de una embarcación en medio de una furiosa tormenta, también descansó en la tumba mientras dentro de sus discípulos rugían las tormentas. Un día después de la muerte del Señor, el temor, la duda y tristeza deben haber entrado en un ciclo interminable en sus mentes. Debieron recordar qué sintieron al estar en un mar agitado, alimentar a miles con unos pocos panes, o ver las mortajas de Lázaro apiladas sobre la tierra. Sin duda alguna, tenían sus corazones perplejos al contemplar estas cosas.

La débil fe de los discípulos no debería sorprendernos, porque para ser sinceros, vemos esto en nosotros mismos. Los “hombres de poca fe”, como los llamaba a menudo Jesús, no creyeron o no recordaban las cosas que el Señor había dicho de sí mismo: Que pondría su vida y la tomaría otra vez. De haber tenido sus seguidores estas cosas en sus corazones, ese día de reposo habría sido un tiempo de gozosa expectación.

A veces, Dios parece ausente en nuestras vidas, pero al final sabemos que Él nunca nos dejará (He 13.5). Y, a diferencia de los discípulos, nunca experimentaremos la sombría perspectiva de un Salvador derrotado. Pero muchas veces olvidamos las promesas de Dios. Frente a la incertidumbre, ¿con qué frecuencia nos volvemos a un cristianismo del “hazlo tú mismo” para solucionar nuestros problemas?

Muy a menudo no vemos más allá de nuestras propias soluciones, cuando lo que necesitamos es el maravilloso poder en acción de la resurrección de Cristo, y una actitud de humildad mientras esperamos en Él. Si estamos dispuestos a esperar en la oscuridad de la noche, podemos descansar sabiendo que llegará la mañana.

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