Mayo 11, 2010

2 Timoteo 2.20, 21 

Hace algunos años, Dios permitió que tuviera ciertos padecimientos físicos por un tiempo, de modo que no podía hacer nada, sino estar en cama. Al principio, esto me parecía frustrante, pero finalmente me di cuenta de su plan con esta prueba. Tenía la vida tan ocupada, que no podía escuchar lo que el Señor necesitaba decirme.

Después de conducirnos a la salvación, Dios todavía tiene trabajo que hacer en nuestras vidas. Si escuchamos con atención, podremos escuchar a nuestro Padre dirigiéndonos de tres maneras.

Primero, el Señor nos llama a la santificación, lo que significa ser apartado por Él y para Él. Por medio de su Espíritu, Él nos recuerda siempre que usemos su poder y sus recursos para poder obedecer y vivir con rectitud.

Segundo, nos llama al servicio. Dios ha planeado buenas obras para que las realicemos (Ef 2.10). Él nos da capacidades, tiempo y recursos para tal fin.

Tercero, nos llama a ser responsables. Romanos 14.12 enseña que un día cada uno de nosotros "dará cuenta" de cómo utilizamos los recursos que Dios puso a nuestra disposición. Este informe se basará en dos factores: la verdad que conocimos, y las oportunidades que tuvimos. Por eso, debemos asegurarnos de escuchar cada día lo que el Padre nos recuerda en cuanto a utilizar todo lo que tenemos para su gloria.

¿Se le ha vuelto la vida tan agitada que no puede escuchar la voz de Dios? Desarrolle su capacidad de escuchar, dedicando tiempo a la Palabra de Dios y esperando respuestas cuando ore. ¡Qué desperdicio tan grande es enfrentar la vida sin la orientación que viene de Dios! ¿Se le ha vuelto la vida tan agitada que no puede escuchar la voz de Dios? Desarrolle su capacidad de escuchar, dedicando tiempo a la Palabra de Dios.

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