Mayo 19, 2010

Deuteronomio 20.1-4 

Muchas emociones negativas acompañan a las dificultades: frustración, desesperación, temores y dudas. Las personas dominadas por esos sentimientos suelen tomar malas decisiones. Es por eso que recomiendo que elijamos ya responder a los momentos de dificultad de la misma manera que lo hizo el pueblo de Israel: con alabanza. Aun en las horas más oscuras, adorar a Dios llena de gozo el corazón, y de paz la mente. Un creyente lleno de esa manera, puede mantener su promesa de obedecer al Señor, pase lo que pase.

Adorar al Señor ensancha nuestra visión. Al hacerlo, comenzamos a ver su actividad en el mundo, quizás de maneras y en situaciones nunca vistas antes. Más concretamente, vemos lo que Dios está haciendo en nuestra situación, y notamos las áreas donde Él exige nuestra obediencia.

Nuestra tendencia humana es buscar siempre la solución más fácil. Pero los creyentes que hacen esto no maduran en la fe. Además, pierden bendiciones por no seguir el plan del Señor.

Hacer una pausa para alabar al Señor puede apartar nuestra mente del camino fácil, y dirigirnos al camino correcto, es decir, al camino de la voluntad de Dios. Dar un paso adelante por fe puede ser aterrador, pero los creyentes pueden arriesgar confiadamente todo su futuro a la fidelidad del Señor. ¡Él nunca ha defraudado a nadie!

Es difícil caer en la desesperación mientras se alaba al Señor por su amor y su poder. Podemos disipar las dudas recordando su fidelidad en el pasado, y aliviar nuestra frustración encomendado nuestros planes futuros a Él. La alabanza no es la reacción obvia a las dificultades, pero es la respuesta más acertada. Podemos disipar las dudas recordando su fidelidad en el pasado, y aliviar nuestra frustración encomendado nuestros planes futuros a Él.

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