Mayo 22, 2010

Daniel 1.1-20

Daniel tenía una fe firme. Su confianza en el Señor lo sostuvo cuando fue sacado de su patria, hecho cautivo y enviado a un país extranjero. Esa fe lo fortaleció cuando sirvió a cuatro reyes diferentes y enfrentó muchos problemas.

Conocer a Dios y confiar en él son los dos elementos clave de la fe profunda. Daniel, que era parte de la nobleza israelita, conoció al Señor desde temprana edad. Mientras estuvo cautivo, sus palabras y sus acciones demostraron que conocía las Escrituras, y que quería obedecer a Dios. Cuando le sirvieron una comida que había sido sacrificada a los ídolos, se arriesgó mucho al pedir que le sirvieran otro alimento. Dios hizo que se ganara la buena voluntad del funcionario (Dn 1.5-9). Al igual que Daniel, nosotros también debemos invertir nuestras vidas aprendiendo y haciendo lo que agrada a nuestro Padre celestial (Col 1.10).

Pero este joven no sólo sabía lo que decía la Escritura, sino que también confiaba en que Dios haría lo que había prometido. Cada vez que Daniel tomaba una postura a favor del bien, estaba demostrando su confianza en el Padre celestial. Y también sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego, tenían una fe firme. No sabían con certeza si el Señor los libraría del horno de fuego, pero confiaron en que él haría lo correcto (Dn 3.16-18).

Entre los obstáculos para tener una fe firme están el orgullo ("no reconoceré la ayuda de Dios"), la arrogancia ("sé cómo hacerlo; no tengo que pedirle a Dios") y la autosuficiencia ("puedo hacerlo sin su ayuda"). ¿Cuáles de estás barreras le están impidiendo ser una persona de fe firme? Confiéselas sinceramente, y vuélvase al Señor. Entre los obstáculos para tener una fe firme están el orgullo, la arrogancia ("sé cómo hacerlo; no tengo que pedirle a Dios") y la autosuficiencia ("puedo hacerlo sin su ayuda").

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