Mayo 25, 2010

Hebreos 13.1-5 

Dios creó a la humanidad para el compañerismo con Él, y de unos con otros. Él no quiere que suframos el dolor emocional de la soledad. Es por eso que su Palabra contiene promesas de su presencia constante, así como instrucciones para evitarla entre los miembros de la iglesia.

El Señor hizo hincapié en su presencia constante, porque conoce nuestra necesidad de seguridad, especialmente cuando nos sentimos abandonados o aislados. Su promesa de no abandonar a los creyentes se encuentra en toda la Biblia: dio esta consoladora palabra a Josué, a los israelitas y a los discípulos que estaban a punto de presenciar la ascensión de Jesús (Jos 1.5; Mt 28.20). Algunos santos de la Biblia también hablaron de esto en sus escritos. David buscaba a menudo el consuelo de Dios (Sal 25.16). Y Pablo predicaba que nada podía ser mejor que conocer a Cristo Jesús (Fil 3.8). Dios quiere que todo creyente tenga la confianza total de que Él está cerca.

La iglesia está diseñada para satisfacer nuestra necesidad de compañerismo. Un cuerpo espiritual funciona como un cuerpo humano; sus partes son tanto independientes como interdependientes; todas se necesitan entre sí para funcionar bien. Necesitamos el apoyo de nuestros hermanos en Cristo. Por esto, Pablo exhortaba a las personas a aceptarse unos a otros (Ro 15.7), llevar mutuamente las cargas (Gá 6.2) y evitar juzgar (Ro. 14.13).

La soledad puede incapacitar a una persona emocional y espiritualmente. Fuimos hechos para disfrutar de la relación que Dios se complace en proveer. Para que no olvidemos que el Señor está cerca, dio a la Biblia este tema constante: "Les amo, y estaré con ustedes siempre". La soledad puede incapacitar a una persona emocional y espiritualmente. Fuimos hechos para disfrutar de la relación que Dios se complace en proveer.

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