Mayo 6, 2010

Santiago 4.6-10 

"Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros". ¡Ésa es una promesa maravillosa! Cuando nos abrimos al Señor, Él se abre a nosotros. Si venimos a Él con humildad, contrición y quebrantamiento, Él se apresura con su perdón, amor y fidelidad. No hay lugar para la autosuficiencia o la autoprotección en esta relación. Solamente con humildad descubriremos la suficiencia de la presencia de Dios.

A primera vista, puede parecer que somos nosotros quienes iniciamos esta relación abierta, pero, en realidad, es Dios quien ha tomado la iniciativa; nosotros simplemente estamos respondiendo a su invitación (Jn 6.44). Muchas veces Él utiliza las situaciones y las dificultades para captar nuestra atención y avivar nuestra sed de Dios. Lo que nos parece una situación dolorosa o desesperada, es la invitación que nos hace de acerquemos a Él.

Aun nuestros mayores fracasos y pecados, pueden llevarnos a Cristo cuando buscamos el perdón del Padre celestial. Con una actitud de humilde arrepentimiento, podemos comenzar una relación más estrecha con Dios. Pero si seguimos viviendo en rebeldía y sin la disposición de confesarla y arrepentirnos, Él dejará de revelar más de sí mismo a nosotros. El pecado bloquea siempre nuestra capacidad de conocer al Señor.

¿Ha dejado usted que la adversidad o el fracaso le alejen de Dios, en vez de acercarlo a Él? Para poner distancia entre usted y Cristo, Satanás hará uso indebido de las situaciones que el Señor pueda utilizar para acercarle a usted a Él. No deje que el enemigo gane la batalla. "Resistid al diablo, y huirá de vosotros" (Stg 4.7). Para poner distancia entre usted y Cristo, Satanás hará uso indebido de las situaciones que el Señor pueda utilizar para acercarle a usted a Él.

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