Mayo 7, 2010

1 Samuel 1.1-20 

En el pasaje de hoy, el profeta Samuel habla de sus piadosos padres y de las circunstancias difíciles que enfrentaron antes de que él naciera. Al observar la vida de su madre, Ana, podemos aprender algunos principios importantes para la vida. Aunque su situación tenía que ver con la maternidad, las lecciones se aplican tanto a hombres como a mujeres.

Manténgase siempre fiel a su familia. Una mujer de su entorno la atormentaba sin piedad. Aunque no estaba en peligro físico, se mantenía turbada emocionalmente porque no podía evitar a esta persona. ¡Qué tentador debió haber sido tratar de buscar una salida! Pero Ana permaneció en el hogar, oraba al Señor y hacía todo lo posible por resistir. Demostró una fidelidad a su familia que era más importante que su necesidad de tranquilidad.

Manifieste amor y aceptación. Ana consideraba que su hijo Samuel era un regalo del Señor (v. 20). Me la imagino diciéndole día tras día: "Eres un regalo que Dios me dio. Te amo y anhelo saber qué planes tiene Él para ti". Tenemos el poder de edificar a nuestros hijos y cónyuges, o el de destruirlos. Por medio de nuestras palabras de afirmación, oraciones, besos y abrazos, mostramos a nuestros hijos lo mucho que los valoramos. Demostrarles un amor puro fortalece a las personas más preciosas para nosotros.

Algunos de nosotros vivimos con personas que nos hacen la vida difícil, y a veces somos afectados negativamente por las decisiones que toman. Dios entiende su situación, como entendía muy bien la de Ana. Acérquese a Dios, y experimente su amor y fidelidad para con usted. Después, exprese esto mismo a los demás. Algunos de nosotros vivimos con personas que nos hacen la vida difícil, y a veces somos afectados negativamente por las decisiones que toman.

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