Abril 17

La Última Cena de Cristo

Exodus 12:1-39

La Última Cena, celebrada pocas horas antes de la crucifixión del Señor, era un Seder (rito de la Pascua). Anteriormente, los símbolos de la fiesta habían señalado solo el rescate de los hebreos de Egipto. Pero esa noche del jueves, Jesús reveló el significado mesiánico de dos símbolos: el pan y el vino.

En el Seder, una bolsa de tela, con compartimientos separados, contiene tres galletas de matzá, o pan sin levadura. El matzá de en medio es sacado y partido. La mitad se rompe y se distribuye, y la otra mitad es envuelta en una servilleta, escondida, y vuelta a traer tras ser encontrada.

Cuando partió el pan, Jesús dijo: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo” (Mt 26.26). En la Biblia, la levadura simboliza el pecado; por tanto, el pan no leudado representa al Dios santo. En la bolsa dividida, los matzás se unen, pero siguen siendo distintos —una imagen de la Trinidad. El pan del medio representa al Hijo, quien dejó su posición al lado de su Padre para habitar entre nosotros (Gá 4.4), y fue molido por la humanidad (Is 53.5), envuelto en una sábana (Mt 27.59), puesto en una tumba (v. 60), y resucitado (28.6). De hecho, nuestra redención fue costosa (1 Co 6.20).

El vino, el otro símbolo que Jesús resaltó, se vierte cuatro veces en un Seder. Los eruditos creen que fue la tercera copa, conocida como la copa de la redención, lo que Jesús llamó “mi sangre del pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt 26.27, 28).

Cuando hablemos de Cristo, sigamos su ejemplo de recibir a las personas en su nivel de entendimiento, y luego ayudémoslas a crecer. Cuando usted participe de la Cena del Señor, piense en lo que Él hizo por usted, anhele su regreso, y recuerde que Él es nuestra Pascua (1 Co 5.7).

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