Julio 3

La libertad en Cristo

CORINTIOS 6.12-17  

En su primera carta a la iglesia en Corinto, Pablo dice que la libertad en Cristo es una responsabilidad seria. Sí, podemos comer lo que queramos, usar nuestro tiempo como deseemos, e ir tras actividades que disfrutemos. Sin embargo, como creyentes, estamos unidos inseparablemente a la iglesia de Cristo. Esto significa que cuando muramos, resucitaremos para vivir con Él para siempre. De manera que, mientras vivamos en esta tierra, nuestros cuerpos y nuestras almas permanecen unidos a Cristo (1 Co 6.14, 15). En pocas palabras, no nos pertenecen.

Como dueños temporales de estos cuerpos, tenemos la responsabilidad de saber qué es y qué no es bueno para ellos. Debemos ejercer disciplina con las libertades que Dios nos ha dado, porque de nada sirve una “libertad” que haga inútiles a los creyentes, o que cause vergüenza y dolor.

Notemos la diferencia que hace Pablo entre la libertad en Cristo y la libertad irreflexiva: la gracia y el perdón de Dios cubren nuestros pecados, pero eso no nos da permiso para tener una conducta perjudicial. Como seguidores del Señor Jesús, debemos dedicarnos a buscar tener una vida santa, no los placeres egoístas. Los cristianos son “vasos de barro” creados por Dios para cumplir su propósito, y para darle honra y gloria a Él (2 Co 4.7). Por tanto, todo lo que viole al cuerpo humano no nos es lícito.

La verdadera libertad significa vivir sin las cadenas del pecado y del comportamiento destructivo. Jesucristo pagó un precio para liberarle de esas cadenas. Por consiguiente, no esclavice su cuerpo a hábitos que causan daño. Glorifique a Dios con todo su ser: corazón, mente, alma y cuerpo.

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