Enero 30

El trono de la gloria

1 John 1:1-4

Cuando usted ora, ¿cómo enfoca a Dios? Muchos cristianos visualizan a un ser santo y justo, y se dirigen a Él con sentimientos de temor, indignidad y reserva. Por otro lado, muchos creyentes imaginan al Señor como un amigote, y hablan con Él con poca reverencia.

Ninguna de estas actitudes es saludable. Nuestras mentes no pueden comprender plenamente que Dios es tanto santo como misericordioso. Veamos primero el lado santo y generador de temor del Señor. Al leer el pasaje de hoy, visualice el maravilloso poder alrededor del trono celestial. Esto me llena el corazón de asombro y admiración.

Antes de que Cristo viniera a este mundo, el templo tenía un área llamada el Lugar Santísimo, donde residía la presencia de Dios. Solamente el sumo sacerdote podía entrar —y eso en días específicos, después de la limpieza y preparación ritual. Si no se preparaba exactamente de acuerdo con las normas sagradas, era herido de muerte. Estar en la presencia de Dios requiere obediencia. En verdad, por la absoluta santidad y perfección del Todopoderoso, Él no puede tener comunión con la pecaminosidad, que es la condición de toda la humanidad (Ro 3.9). Por consiguiente, cada uno de nosotros es culpable y merece la condenación. Pero, por fortuna, Dios no nos dejó desvalidos, sino que por su amor y su gracia envió a su Hijo para que fuera nuestro Redentor.

Cada página de la Biblia puede profundizar nuestra comprensión de la grandeza de Dios. ¿Está usted maravillado ante su presencia y sus hechos? Para entender más sobre su carácter, lea su Palabra y medite en ella. Luego, dedique tiempo para alabarlo, pues solo Él es digno de nuestra adoración.

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