Marzo 31

La libertad verdadera

John 8:31-36

Cuando Jesucristo nació, los israelitas estaban experimentando una gran opresión. Esperaban al Mesías prometido que les traería libertad y victoria.

Pero en vez de dominar a los romanos, el Señor habló de respetar a las autoridades y amar a los enemigos. En vez de lograr la victoria solo para los judíos, trajo bendición incluso a los despreciados gentiles (Jn 4.4-30; Lc 7.6-10). La gente esperaba que venciera a la nación dominante por medio de una batalla, pero Él dejó que las autoridades lo crucificaran.

Entonces los judíos rechazaron a Jesús. Pensaron que no era el Salvador prometido que liberaría al pueblo elegido. No entendieron que a Cristo le preocupaba más la libertad de nuestros corazones. Él vino a liberarnos de la esclavitud del pecado en nuestras vidas, a pesar de que no siempre nos libera de nuestras circunstancias actuales.

Recibí una carta que ilustra muy bien esto. Después de estar quince años en la cárcel por varios delitos y adicción a las drogas, el remitente decía que todos lo habían abandonado, y se sentía angustiado, hasta que fue salvo y comenzó a seguir al Señor Jesucristo. Ahora, la amargura y la ira se han ido, y está lleno de paz y gozo. Ha sido liberado. Todavía enfrenta tentaciones y sigue en la cárcel, pero ha  experimentado la libertad verdadera.

El Señor Jesús vino por usted. Murió para pagar su deuda de pecado. ¿Ha aceptado su regalo de la salvación? Su poder puede resolver el pecado que hay en su vida, y su verdad puede vencer su manera de pensar dañina y equivocada. Caminar con Cristo es andar en libertad; por tanto, apóyese en la fuerza de Él, y elija el camino correcto.

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