Julio 5/6 

Cuando muere un niño

2 SAMUEL 12.16-23

Es comprensible que las personas que pierden a un hijo quieran estar seguros de que su pequeño está en los brazos de Dios. La Biblia no es explícita en cuanto a lo que sucede a los que son demasiado jóvenes para hacer una declaración de fe. Sin embargo, la misericordia del Señor sobre ellos es evidente cuando estudiamos su Palabra.

Con los años, la gente ha creado explicaciones no bíblicas de lo que sucede a los pequeños que mueren. Hay quienes sostienen que la salvación está disponible para algunos, pero no para otros, lo cual es bíblicamente equivocado (Jn 3.16; 2 P 3.9). Otra teoría más complicada mantiene que Dios usa su conocimiento para determinar si un niño que muere irá al cielo o al infierno. La idea es que Él salva a quienes Él sabe que habrían creído y sido salvos, pero rechaza al resto. ¡Qué terrible incertidumbre significaría eso para los miembros de la familia que quedaron atrás!

Dios no deja a la gente haciéndose conjeturas. Lo que su Palabra enseña es que durante sus primeros años de vida, un niño no sabe cómo elegir entre el bien y el mal (Dt 1.39; Is 7.16.), y por tanto no es responsable por su conducta moral. Por consiguiente, cuando un niño muere, el Señor lo espera con los brazos abiertos. Esta es la única teología que tiene sentido bíblico, dado el carácter, los deseos y el plan del Padre celestial.

Hasta que un niño tiene la madurez suficiente para aceptar o no al Señor, está a salvo del juicio divino. Nuestro justo y misericordioso Dios no castiga a los niños pues son demasiado jóvenes para comprender su necesidad de un Salvador. Los creyentes se reunirán con sus pequeños en el cielo (2 S 12.23).

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