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Susurros Nocturnos - 1 de Julio, 2015

  • 2015 Jul 01
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Jul 1 Pay de ‘rana azul

REGOCÍJENSE

Proverbios 17:22
Gran remedio es el corazón alegre.

Pay de ‘rana azul’

Ahora está de más decir que “dedicarle canciones al corazón afligido, es como echarle vinagre a una herida o como andar desabrigado en un día de frío” (Proverbios 25:20). Todos estaríamos de acuerdo en que cualquiera que actuara así, sería extremadamente desconsiderado y excepcionalmente ofensivo. No obstante, me parece que muy rara vez estamos en peligro de dar un “paso en falso” tal como el de cantarle canciones a un corazón apesadumbrado, porque a los cristianos por lo general, no los distingue el mundo por ser “el grupo feliz”. Excepto, claro está, el tipo de cristianos “que siempre aplauden tan felizmente” tan denigrado y despreciado... ya saben: esos que viven en la tierra del nunca jamás, y no en el mundo real, ¡como tú y como yo! ¿Quiénes creen que son, esos personajes ingenuos, extrañamente felices e irreales para aplaudir por todo? Los cristianos debieran estar marcados por una profunda seriedad. Sí, una seriedad de conducta, marcada por una tristeza piadosa. ¡Y especialmente si se es el ministro!

¿Saben? desafortunadamente, en mi ser existe una parte celta que ¡realmente no se siente satisfecha a menos que esté triste! Sí, hay una parte de mí que no está feliz a menos que tenga algo por qué preocuparse. Eso es extraño, ¿no lo creen? Es por eso que la canción titulada “The happy song” (La canción feliz) e interpretada por el grupo cristiano británico Delirious, me parece realmente provocadora. Y me refiero a provocadora en un sentido bastante irritante, porque una parte de mí se siente excepcionalmente ofendida con la euforia que esta canción intenta promover ¡pero en realidad debiera darme vergüenza! Porque algo muy celta en mí, algo muy reservado y melancólico, algo cínico, algo que se siente muy feliz de estar deprimido, se rebela y, desde una posición arrogante en el interior de mi espíritu, se burla de semejante intento absurdo por despertar una emoción eufórica. No obstante, no estoy tan preocupado, ya que no serán demasiados los amigos cristianos que me desafíen en mi error, porque todos sabemos que un cristiano verdaderamente feliz es tan raro como un ‘Pay de Rana Azul’. Piensa en ello. Un cristiano verdaderamente feliz es tan raro como un ‘Pay de Rana Azul’. Es la verdad y es muy triste, ¿no lo creen?

Debemos deshacernos de esta melancolía siniestra, este cinismo satánico, este caos crítico y aguado de gordura emocional restrictiva que cubre el vientre de nuestra vida espiritual, debemos hacerle liposucción y echarlo por algún resumidero en alguna parte. Sí, debemos deshacernos de esa hipocresía vívida y recta para que de lo profundo de nuestro interior, el júbilo se despierte de su sueño, y fuerce al abatimiento de nuestras almas a alejarse a través de la danza; y amigos... ¡hasta los Bautistas deben hacerlo! De hecho, todos debemos dejar que nuestras mañanas comiencen con gritos de júbilo, para que sean ellos los que alejen las nubes oscuras que tan temprano se posan sobre nuestros horizontes doctrinalmente correctos, justamente reformados, conservadores, evangelizados, ¡y tan infelices! ¡Adelante, sacude hoy a tus vecinos! Abre las ventanas, respira profundo un par de veces y fuérzate a cantar una parte de esta ‘canción feliz’:

“Señor quiero gritar desde los techos,
Porque sé que estás por mí, y no contra mí
¡Cantaría sin parar de cómo me salvaste!
¡Danzaría por mil millas por tu grande amor!
¡Todo mundo gózese, danzando!

Es tiempo de hacer que los vecinos se quejen y le digan a la policía que ‘no soportamos más toda esa danza frívola, que hace temblar la tierra y vibrar las paredes, con todas esas risas y todos esos cantos, porque ¿quiénes se creen esos cristianos para estar tan felices?’

A menos que le añadamos una tableta de éxtasis a nuestro café matutino, es casi imposible de creer que esto vaya a suceder, ¿verdad? No obstante, ¿por qué no pedirle a Dios que nos dé la fe y la visión para creer y actuar de esta manera y luego, imaginar a cada cada Director de Seminario con sus manos levantadas, danzando en su estudio, alabando a Dios y zapateando como ‘los buenos’? ¡Imagina cómo serían sus enseñanzas y discursos después de esto! Imagina que al lado de la tumba de cada cristiano se celebra un evento de graduación donde hay un júbilo estridente; imagina a todos los Pastores rehusándose a volver a vestir de negro, rasgando los cuellos blancos del cautiverio y quemando sus suéteres de marca, poniéndose las sandalias de Jesús que habían olvidado y tiñéndose de rojo sangre las uñas de sus pies, al tiempo que van saltando como un leviatán y brincando como gigantes, dando vueltas con una risa tan fuerte, que ahora desbordantes de una hilaridad celestial, difícilmente pueden pronunciar palabra en medio de su felicidad, porque Jesús, Jesús, Jesús, realmente es su Salvador, su amigo inseparable, su compañero Todopoderoso, y ahora saben en verdad que están trabajando con Él y Él con ellos, todos cantando juntos y recogiendo Su cosecha eterna. Después de todo, Él dijo: “Los he llamado amigos”. ¡Imagina eso! Él dijo: “¡Los he llamado amigos!”

Imagina una felicidad profundamente arraigada en el impresionante conocimiento experiencial de Dios como verdadero amigo. ¿Te haría eso cantar hoy? ¿Te haría eso feliz hoy? ¿Te haría sentir gozo, gritar, cantar y danzar? Pienso que debería.

Las personas religiosas odian divertirse pero te digo, mi amigo, las personas espirituales no pueden vivir sin diversión. Así que permíteme preguntarte: ¿estás cansado de la iglesia, cansado del Jesús doctrinal y denominacionalmente correcto, y estás anhelando una rebanada de ‘Pay de Rana Azul’? Entonces comienza a tener un corazón alegre; sí, ¡un corazón alegre! Adelante, toma tu medicina ahora mismo, tú, viejo cascarrabias, y haz que los vecinos se den contra las paredes. ¡Sé feliz ahora, amado de Jesús, sé feliz!

¡Hoy te reto a que elijas cantar, gritar y danzar; te reto a que elijas la felicidad y la vida!

Reflexiona: “¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!” Salmos 144:15

Ora: Señor, que tu bendición se levante sobre mí y colme mis labios de alabanzas y sonrisas. ¡Oh! Soberano Salvador, Rey de la danza, enséñame a hacer la guerra con Tu gozo y a vencer así toda mi oscuridad con un felicidad en acción que tenga raíces en Tí. ¡Amén y Aleluya!

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