Oct | 19 | Sólo observen a Jefté

 
PIENSA 

Proverbios 15:1  
La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva, echa leña al fuego.

Sólo observen a Jefté

Los hombres son particularmente propensos a esto. Déjenme presentarles una escena verdadera. Después de tratarte como si fueras un don nadie, tu convenenciera familia ahora ha ‘reconocido’ tus dones, talentos y habilidades, y te han rogado que pongas en riesgo tu vida y que los liberes de la destrucción. En la desesperación de sus circunstancias, ellos compran tu amor. Tú has aceptado su oferta y has, al mismo tiempo, arriesgado tanto tu vida como la de tus seguidores, para adquirir lo que has estado anhelado durante toda tu vida: respeto.

Tú acabas de regresar de la batalla. Estás cansado y agotado y encima de todo, una promesa hecha antes de la conquista respecto a tu descendencia y a qué harías si obtenías la victoria, significa que, en este día grandioso en que has alcanzado tus metas y ganado la guerra, tú has, de hecho, perdido a tu encantadora hija. Ella no se casará, ella no tendrá a tus nietos. Aquello que debería haber sido el día más feliz de tu vida se ha tornado en el más miserable. Ahora, en este momento tan inapropiado, (¿acaso no es siempre así?) de repente llega alguien, buscando problemas.

Los Efraimitas eran poderosos y políticos, pero no estuvieron en la batalla. Con sarcasmo, arrogancia y una insensibilidad increíble se acercan a ti, sacan a relucir el pasado y tus débiles credenciales y luego tienen la audacia de decir, “¿Por qué fuiste a luchar contra los amonitas sin llamarnos para ser tus aliados en la batalla? ¿Quién te crees que eres, eh? ¡Ahora prenderemos fuego a tu casa, contigo adentro!” (Jueces 12:1) ¿Qué harían ustedes? Creo saber lo que harían. ¡Ustedes les destrozarían sus caras! ¡Sólo observen a Jefté! Él hizo exactamente lo mismo y ¡más de 42,000 Efraimitas fueron asesinados!

Es bueno recordar que el Juez Gedeón, cuando fue confrontado por el mismo espíritu, con la misma gente problemática, apeló a sus egos y evitó una gran matanza. En Jueces 8:1-2 se puede leer: “Ahora los hombres de Efraín le dijeron (a Gedeón), “¿Por qué nos has tratado así? ¿Por qué no nos llamaste cuando fuiste a luchar contra los madianitas? Y se lo reprocharon severamente. Él les respondió, ¿Qué hice yo, comparado con lo que hicieron ustedes? ¿No valen más los rebuscos de las uvas de Efraín que toda la vendimia de Abiezer? Dios entregó en manos de ustedes a Oreb y a Zeeb, los jefes madianitas. Comparado con lo que hicieron ustedes, ¡lo que yo hice no fue nada!” Y sucedió que el enojo de ellos hacia él se aplacó cuando dijo esto.

La respuesta de Gedeón no se parece a la respuesta que da la mayoría de los hombres. Nosotros, más bien, veríamos la respuesta de Jefté y diríamos, “¡se lo merecían!” Aunque, olvidándonos un poco de los increíblemente insensatos Efraimitas, que ahora han tomado al perro por las orejas, observemos un poco más detenidamente a Jefté, quien en respuesta a estas rudas palabras, ahora comienza a gruñir con maldad, muestra sus dientes y luego ¡les corta la cabeza! ¡A los 42,000! Es realmente espantoso.

La causa de esta matanza innecesaria es bastante simple: tan sólo una combinación de algunas palabras de ira y una respuesta grosera. ¡Es tan simple como eso! Aunque a una escala diferente, la aterradora verdad es que a menudo recreamos esta misma escena, en nuestros matrimonios, con nuestras familias, en nuestro lugar de trabajo y en nuestras iglesias. De hecho, en mi propia vida, sin justificar la insensatez y maldad de otros, miro atrás y a menudo desearía haber elegido una respuesta más suave a ciertas palabras groseras. Si ustedes han hecho lo mismo en algún momento, sin duda tendrán el mismo deseo.

Amigos, dejemos hoy que Dios se lleve el pasado y pidamos perdón por aquellas palabras fuera de lugar; luego, observemos un poco más a Jefté, y asegurémonos de no cometer el mismo error. Por cierto, si hay algunos Efraimitas “energizados” por ahí, ¿puedo sugerirles algo?...¡Maduren!

Reflexiona: “Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32 

Ora: Señor, dame la sabiduría y ayúdame a aprovechar la oportunidad de respirar profundo y de, por lo menos, contar hasta diez antes de abrir mi boca. Hazme más poderoso que Jefté y ayúdame a tener control sobre mi propio espíritu. Amén.