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Susurros Nocturnos - 3 de Septiembre, 2015

  • 2015 Sep 03
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Sep 3 Starbucks Tormentosos

VE

Isaías 55:1

¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno.

Starbucks Tormentosos

Hace mucho tiempo, cuando yo no era más que un aprendiz varios metros debajo del nivel de las tácticas de ataque “oggin” ¡no tenía mi propia cama! Usaba, ya sea, una hamaca engarzada junto a un par de tubos de misil balístico intercontinental, o hacía “cama caliente” acostándome en cualquier fosa disponible luego de que el ocupante anterior la dejara caliente e invariablemente olorosa, para ir a ocuparse de sus obligaciones en alguna otra parte de ese largo y negro ducto de drenaje, que era el submarino. 

Más tarde, mi tiempo en el mundo de los negocios tuvo la misma idea – bajo la bandera de que teníamos que economizar. Si alguna vez tuviste una oficina, ¡ya no la tendrías! Si alguna vez tuviste un escritorio y, si por misericordia de Dios tenías tus propios cajones, estos también habían sido saqueados y arrojados a las profundidades con la explicación de la feroz reestructuración. ¡Una persona nunca debería estar sin sus cajones! En vez de eso, una computadora portátil de la compañía, un disco rígido con bastante capacidad y una buena conexión significaban que cuando uno llegaba a la oficina, donde fuera que esta estuviera, uno se dirigía al primer escritorio vacío, se sentaba, se conectaba, levantaba sus cajones virtuales para sí, al menos para conseguir algo parecido a lo anterior que nos diera respetabilidad y seguía con lo que tuviera que hacer. 

Por bastante tiempo, mi segunda oficina ha sido una panadería y cafetería, la cual ofrece asientos confortables, llenados repetidos, abundantes y gratuitos de la taza de café y, lo más importante, WiFi gratis. En otras palabras, ahora tengo una oficina en el centro comercial. 

¡Interesante!, una vez que la gente comienza a verte allí, entre ellos, de forma regular, trabajando, golpeando las teclas enfrente de la zona de recreo de los plasma portátiles, comienzan a preguntarse qué haces. “¿De dónde sacaste tu laptop?” “¿Puedes ayudarme a conectarme?” “¿Qué estás haciendo?” “¿Eres un ministro?” “¿De verdad?” “¿Dónde?” “¿Por qué?” “¿Qué piensas sobre esto?” “¿Por qué Dios hace eso?” “¿Por qué Dios no hace eso?” y así siguen. Realmente ¡es sorprendente! Utilizando términos de pesca, es como si el pez nadara junto al bote y preguntara, “Oye, ¿qué estás haciendo con ese anzuelo?” 

Me pregunto si necesitamos sacar a los ministros del Evangelio fuera de los campus y mandarlos a las cafeterías. ¡Imagínense! Nuestra tendencia ha sido poner todo en los campus: Guardería, comedor, consejería, publicaciones, marketing, educación, reuniones, ¡lo que se le ocurra! En lugar de ir al mundo, nos hemos empeñado en crear una utopía plástica y agradable, y en traerlos a ella, todos seguros y aparentemente esterilizados. El problema es que, rara vez ellos vienen a este mundo Cristiano que les es culturalmente extraño y, cuando lo hacen, se dan cuenta de que no es tan bueno como decían y prefieren la realidad del metal a fantásticas sonrisas de plástico resecas y fingidas. 

Mientras tanto, lugares como Starbucks están vendiendo algo más que café elegante: están vendiendo un ambiente, un recuerdo, un sueño, una comunidad, un lugar de reunión seguro donde hay gente que se preocupa por los demás y quizá, en sólo diez años o algo así, han logrado más de su propia gran comisión de construir un imperio global sobre las espaldas de las relaciones personales de las personas, que lo que la iglesia ha podido hacer en ese mismo tiempo y ¡eso que está respaldada por más de 2,000 años de práctica! Yo sé que esto es como comparar naranjas con manzanas, pero sin embargo, es un poco bochornoso ¿no les parece? 

Amigo Cristiano, prende fuego a tu mentalidad de banco de iglesia hoy, quítate esas cadenas rechinantes de restricción religiosa y entra a grandes pasos en el centro comercial de la religión y grita la atrayente invitación de nuestro Señor Jesús. La iglesia necesita salir del campus y volver a echar raíces en la comunidad, integrándose totalmente en las redes existentes de conectividad y comunicación, que están ahora enfermas de “capuchinos mediocres” y anhelantes de la multi-color brillante y burbujeante, aromática y centellante verdad. ¡Tenemos las mercancías! ¡Tenemos el mercado! ‘Entonces, vayamos y hagamos negocios! 

Reflexiona: “...Regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos, y brotarán como hierba en un prado, como sauces junto a arroyos. Uno dirá: ‘Pertenezco al Señor’; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: ‘Yo soy del Señor’, y tomará para sí el nombre de Israel.” Isaías 44:3-5 

Ora: Señor, pon Tu logo, Tu marca en mi taza de café, en mi bolsa de papel y en mi brazo desnudo. Señor, sé el tatuaje que me tienta, mi grito de mercado; sé mi esplendor y mi “Magnífico Señor” en medio del mercado de las almas perdidas. Señor, ¡ven e incendia mi campus! Amén. 

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