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Susurros Nocturnos - 28 de Enero, 2015

  • 2015 Jan 28
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Jan | 28 | Intercesión incrédula y los caldeos corrosivos

ATRÉVETE 

Intercesión incrédula y los caldeos corrosivos

Habacuc 1:12

¡Tú, SEÑOR, existes desde la eternidad! ¡Tú, mi santo Dios, eres inmortal! Tú, SEÑOR, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, los has puesto para ejecutar tu castigo. NVI 

Habacuc sabe que su pueblo es un pueblo pecador. Como profeta, le había sido concedido el ver el juicio que Dios traería sobre ellos. No obstante esto y además de eso, también había visto la brillante y terrorífica espada de ese juicio oxidarse y corroerse ante sus propios ojos, revelando sus sucios bordes mellados y carcomidos. Los caldeos se corroen a sí mismos.

Así pues, de esta visión terrible y confusa de una espada de juicio, Habacuc se vuelve nuevamente hacia los oídos del Señor e intercede con incredulidad. Aunque esta es una oración del tipo “Es una broma, ¿verdad?” la forma en que Habacuc la enuncia, da testimonio de que finalmente ha encontrado un lugar firme para pararse y esperar la respuesta de Dios. Verán: Habacuc sabe que después de su oración, francamente ya no hay más que decir, pues él está esperando que la Roca Pura y Santa del Juicio Justo, responda a Su propia declaración eterna y permanezca inalterable ante el orgullo idólatra de los caldeos diciendo: “Los haré caer”.

‘Incredulidad’: es el nombre que está escrito sobre el arco de entrada a un área del jardín de Dios. Por eso, cuando percibimos una aparente inconsistencia en la obra o la reacción de Dios, entonces ese es el momento de regresar y buscar ese arco oculto y esa gran puerta donde dimos entrada a la ‘incredulidad’. Cuando la veas, atraviésala rápido, corriendo, sonriendo y moviendo tu cabeza y aunque no encuentres césped verde para sentarte o hincarte en esta otra parte del jardín de Dios, sí encontrarás muchas rocas sólidas y eternas sobre las cuales apoyar tus temblorosas piernas. Párate sobre ellas sin moverte y simplemente espera, amigo mío, sí, párate sobre las declaraciones inalterables del carácter y los propósitos de Dios y verás que son estas mismas rocas sobre las que estás parado las que se convierten en los grandes timbres de la puerta de Dios, y que será el Mismo Dios el que responda a tu llamado. Habacuc había encontrado esto y estaba feliz. Al menos la espada se quebraría en las espaldas de aquéllos que golpearía en juicio.

Hay momentos en nuestra vida, o relacionados con sucesos en la vida de otra persona, situaciones, un evento o circunstancia, en los que nuestro espíritu clama “¡No, esto no puede ser! ¡Dios no es así!” Cuando esto sucede, quizá una pequeña puertecita de incredulidad se haya abierto en los altos muros del jardín del Dios Altísimo. Si así fuere, pasa a través de ella. Encuentra manifestaciones del carácter y propósito de Dios que sean contrarias a los sucesos que estás experimentando y luego, párate firme sobre ellos. Proclama la naturaleza firme, esencial e inalterable de la Roca, y di: “Tú eres el Dios fiel. Oh Señor, Tú eres santo. ¡Padre, Tú eres bueno y lleno de gracia, lento para la ira y grande en misericordia! ¡Padre Tú eres luz y no tinieblas! ¡Dios Tú eres bueno, no malo! Tú, Dios, has dicho: nunca te dejaré ni te desampararé, por esto…”, y sigue declarando todas esas promesas de Su Palabra!

Párate allí y observa. Está quieto y espera. Escucha y mira. ¡Dios te dará una respuesta! 

Reflexiona:- Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Lucas 18:1 NVI Ora: Padre, buscamos tierra firme para pararnos sobre ella y orar a ti. Tu Hijo, nuestro Salvador, es nuestra tierra firme, la Roca color rojo sangre y brillante sobre la cual nos paramos. Tu Nombre es nuestra tierra firme. Tu carácter, Tus manifestaciones, Tus propósitos, Tu paternidad; sobre todo ello nos paramos hoy y oramos. Escúchanos pues, nuestro gran Dios. Amén y que así sea. 

Ora: -  Padre, buscamos tierra firme para pararnos sobre ella y orar a ti. Tu Hijo, nuestro Salvador, es nuestra tierra firme, la Roca color rojo sangre y brillante sobre la cual nos paramos. Tu Nombre es nuestra tierra firme. Tu carácter, Tus manifestaciones, Tus propósitos, Tu paternidad; sobre todo ello nos paramos hoy y oramos. Escúchanos pues, nuestro gran Dios. Amén y que así sea. 

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