Sep | 30 | El sonido de la bacinilla

 
HONOR 

1 Crónicas 16:25-27 
Porque el Señor es grande, y digno de toda alabanza; ¡más temible que todos los dioses! Nada son los dioses de los pueblos, pero el Señor fue quien hizo los cielos; esplendor y majestad hay en Su presencia; poder y alegría hay en Su santuario.

El sonido de la bacinilla

La Gran Guerra (1914-1918) devastó a Gran Bretaña y a Francia. La pérdida de vidas en una masacre industrial y sin ceremonia fue abrumadora y más tarde, fue remarcada en cada ciudad, pueblo o villa, mediante monumentos conmemorativos donde figuran la multitud de nombres de los muertos. Ninguno de estos dos países quería jamás otra Guerra Europea.

Firmado en un día como hoy, pero de 1938, el Pacto de Munich parecía asegurar que las relaciones Anglo-Alemanas nunca más se romperían, ni perturbarían la paz de Europa. Por cierto, Checoslovaquia sería cortada en pedazos y Hitler recibiría su trozo de plata, pero a pesar de todo, la paz estaba asegurada y nunca más cientos de miles morirían innecesariamente. Chamberlain, el entonces Primer Ministro Británico, regresó a Inglaterra desde Munich, relajado, aliviado y agitando triunfantemente el papel donde el pacto había sido firmado, declarando tanto, “Paz con honor” y “Paz en nuestro tiempo.” Más tarde, en el número 10 de la calle Downing, se informa que hubo añadido: “Mis queridos amigos, por segunda vez en nuestra historia, un Primer Ministro Británico ha regresado desde Alemania trayendo paz con honor. Creo que es la paz para nuestro tiempo. Vayan a sus casas y duerman tranquilos”. En menos de un año, la invasión de Hitler a Polonia sumergiría a Europa y al mundo entero, en años de guerra total.

Hay dos duras lecciones que debemos aprender de aquí. Estas lecciones no sólo se aplican a nivel nacional sino también a nivel individual; no sólo son pertinentes a nivel material sino también espiritual. Recuerden entonces primeramente, que esos que persiguen una conquista sangrienta nunca están en paz hasta que no la llevan a cabo. ¡Nunca! Segundo, que no hay paz sin rectitud.

Los guerreros fatigados y tratando de recuperarse deben tomar nota de esto. Conociendo nuestro deseo de paz y nuestra necesidad de descanso y espacio, el diablo vendrá y hablará una seductora paz para nosotros, incluso intentará hacer pactos de paz con nosotros. Estoy personalmente familiarizado con los ofrecimientos del enemigo: “retrocede y te dejaré tranquilo”. Aunque sea siempre tan sutil, aunque el ofrecimiento de retirada sea como nunca tentador, permitámonos recordar las lecciones de la historia y busquemos la rectitud, no dándole lugar al diablo. En ocasiones me pregunto ¡si la paz del mundo depende de la honorable toma de posiciones de los a menudo, cansados y gastados guerreros! Amigos, nunca se dejen engañar por los ofrecimientos del diablo, ni piensen que al aceptarlos tendrán un sueño agradable y tranquilo. Cuando el diablo habla de paz ¡no desmayen sino síganlo resistiendo! Porque todo lo que están escuchando, en realidad, no es más que el sonido de su orina deslizándose por los lados de una bacinilla, y francamente, ¡eso es exactamente lo que valen sus palabras: Una vasija con pis! Nunca olviden eso.

Reflexiona: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. A Él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.” 1ª Pedro 5:8-11

Ora: Señor, danos Tu paz. Ayúdanos a estar tranquilos e incluso a dormir bien aun ante mares rugientes, sabiendo que somos acunados en la hamaca de Tu gran rectitud y poder. Permite que la rectitud y la paz sean, por siempre, mis compañeros de cama cuando esté cansado y desgastado. Amén.