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Susurros Nocturnos - 13 de Noviembre, 2016

  • 2016 Nov 13
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Nov 13 Tratando con Hyde, por la vida, no el suicidio

VIVE

Romanos 7:21-23

Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo.

Tratando con Hyde, por la vida, no el suicidio

Robert Louis Stevenson nació en un día como hoy en 1850. Entre sus obras clásicas se encuentra la novela titulada El Extraño Caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde.

El personaje de Stevenson, el Dr. Jekyll, es un hombre bien educado, feliz, honorable y culto, quien sin embargo, tenía algunos pecados secretos por los cuales estaba totalmente avergonzado. El argumento de la historia es que el Dr. Jekyll creía que en el alma se encontraba tanto lo bueno como lo malo, y entonces experimenta con varias pociones a fin de separar la maldad de la bondad. Desafortunadamente, en este proceso de experimentación química, su alter ego, el Sr. Hyde, una persona malvada, repugnante y repulsiva, es liberado, y finalmente toma el control del buen Dr. Jekyll, y la única forma que él encuentra para liberarse de las atrocidades del malvado Sr. Hyde, es suicidándose. Es una pequeña novela. Cuando el libro se publicó, un amigo homosexual de Stevenson le escribió muy consternado comentando: “Dudo que alguien tenga el derecho de inspeccionar en los profundos abismos de la personalidad”. En respuesta, Stevenson escribió, “Jekyll es una cosa temible que yo poseo; pero la única cosa a la que yo temo es al viejo tema de la guerra entre mis miembros. Esta vez logró salir y espero que, en el futuro, permanezca adentro”.

Stevenson, criado bajo el Calvinismo escocés, era un conocedor de las Escrituras. Si finalmente se convirtió, es un asunto de discusión que aún continúa. Sin embargo, él sabía de esa gran lucha en su interior: Una guerra entre el bien y el mal, en su persona, en su propio ser. Al menos eso nos da un motivo de regocijo sobre la posibilidad de su salvación.

Antes de volvernos Cristianos, la combinación dual del testimonio de la creación externa a la santidad y gloria de Dios, y la voz interna de ese alguacil local, llamado conciencia, ambos continúan la lucha contra ese mal rebelado y destructivo que hay dentro de nosotros, y nosotros, por momentos, decididamente, sentimos el producto de estas batallas y experimentamos la lucha que nos azota en el interior. La batalla tanto de la conciencia como de la creación, contra la oscuridad dentro de nosotros, puede rugir poderosamente, pero amigos, todo es inútil, y los dos nunca tendrán la victoria hasta que el bendito Espíritu Santo de Dios entre en nuestro cuadrilátero, y luego, en algunas ocasiones por toda la vida, junto al dúo dinámico luche y batalle con nosotros para revelar tanto las profundidades del malvado Hyde, escondidas en nuestro interior y la amorosa vía de escape de la redención que sólo puede encontrarse en Jesús. Cuando finalmente vayamos a Jesús por perdón y limpieza, a través del trabajo del Espíritu Santo y de la revelación, cuando hagamos esto, entonces el mismo Dios Todopoderoso como victorioso conquistador, vencerá el poder del pecado en nosotros al morar en nuestro interior, justo allí, en medio de nuestros enemigos; y preparará una mesa deleitosa al darnos un nuevo hombre que late con un nuevo corazón, total y completamente justificado en Él, lo cual luego debe convertirse en nuestro nuevo centro y nuestro nuevo hogar interior en el que vivamos. Cuando hagamos esto, cuando permitamos que el hombre nuevo, el hombre escondido en el corazón, emerja, veremos que este es el nuevo nosotros, el verdadero nosotros.

Creeríamos, entonces, que con la presencia del mismo Dios y la nueva residencia del hombre nuevo en nosotros, todo va a estar bien para el Cristiano, sin embargo, tú y yo sabemos que no es así. ¿Por qué?

Bueno, primero sepan esto: El hombre viejo, la carne, ese cuerpo malo y pecaminoso, ese Hyde escondido en nuestro interior, aunque derrotado aún no ha sido removido y al estar todavía con nosotros, ¡nunca cambia! Muchos de nosotros pasamos gran parte de nuestras vidas tratando de cambiar al Sr. Hyde. No puede hacerse. ¡Él aún está en nosotros y más allá de la redención! Nunca mejorará. Como dije, entre las buenas noticias para los Cristianos está la mala noticia para nosotros de que las repugnantes tendencias a caer en el pecado, no se quitan de este lado de la adopción, aún de la resurrección de nuestros cuerpos. En otras palabras, debemos vivir con este cuerpo de muerte hasta que lleguemos al cielo, donde al fin podremos no sólo ser liberados del castigo y del poder del pecado, sino de su misma presencia en nosotros. ¡Amigos, no puedo esperar a que esto suceda! Hasta ese momento, la batalla continuará.

Si eso va a suceder hasta el cielo, entonces, ¿cómo debemos vivir? Después de todo, ¿no somos acaso tanto más que la generación de Romanos, capítulo 5? Sí, lo somos. Así es que, amigo atribulado, aquí está mi mensaje en una botella para ti hoy, para que flote sobre tus mares turbulentos. Este es: Oh guerrero en conflicto: “No hay condenación para ti, porque estás en Jesús y a Él le debes el no vivir como un esclavo de la naturaleza pecaminosa que aún brama dentro de ti, sino como un esclavo de Él quien te redimió. Sabe que en verdad has sido perdonado por Él. Así es que por la fe, cree que es verdad, ríndete y ofrécete, momento a momento, a Jesús. ¡Ámalo, obedécelo, víve como Él! Sabe que Él te ha dado un nuevo corazón, bueno, recto y chispeante, y que dentro de ti hay un deseo profundo, una corriente más fuerte, una agua más pura que siempre honrará tanto a Él como al verdadero tú. Acércate y tócalo, pruébalo, deja que te refresque hoy”.

¿Cómo haces eso? Bueno, pídele al Espíritu Santo de Dios que comience a despejar el camino para que ‘Lázaro’ salga. Permite a Dios que comience a tratar con las cosas que impiden tu resurrección interna y pídele a Él que remueva las piedras, que rompa las cadenas, que limpie el equipaje, que desconecte las fuentes, ¿me comprendes? Entonces, luego de haber lidiado tanto con el equipaje como con los impedimentos, permite que el nuevo hombre viva pidiendo a Dios que lo llame en una infinidad de maneras, pues amigo, cuando tu fragmentada y dividida persona comienza a fusionarse en la paz y el verdadero valor de uno mismo; cuando el fruto de tal fusión se puede ver y sentir, es refrescante para aquellos sentados debajo de tu árbol. Quizá, entonces puedan todos experimentar el ‘título de propiedad’ de Romanos 7. Toma tu Biblia, léela ¡y haz tuyos esos versículos hoy!

Reflexiona: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Romanos 8:1

Ora: Oh Señor, limpia mi camino hoy. Límpialo y llama a mi dulce Jesús. Límpialo y da vida a los que estamos entre los muertos combatientes. Amén.

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