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Susurros Nocturnos - 15 de Febrero, 2014

  • 2016 Feb 15
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Feb | 15 | Chispas de un mal fuego

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Josué 5:12
Desde ese momento dejó de caer maná, y durante todo ese año el pueblo se alimentó de los frutos de la tierra.

Chispas de un mal fuego

¡Había sido un largo viaje desde Egipto siguiendo la columna de fuego ardiente, para esta tripulación tan diversa! Cuarenta años de vagar por el desierto salvaje finalmente habían culminado, aunque una generación completa, arrepentida y sin embargo no creyente tuvo que morir en el proceso antes de que sus hijos pudieran entrar en la tierra prometida. De los representantes originales de las tribus enviados a espiar la Tierra Prometida, sólo Caleb, un cachorro de león fuerte y valeroso de la tribu de Judá, había creído y sobrevivido. El escritor de Hebreos comentando sobre la generación muerta que no entró en la tierra en esa primera oportunidad, hoy nos dice esto: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón malo e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo.” (Hebreos 3:12) 

Verán, los doce exploradores originales enviados a investigar la tierra prometida regresaron sanos y salvos para dar su informe, después de haber cumplido con su cometido exitosamente. Todos habían visto a los mismos hombres y ciudades gigantescas, la gente feroz y las pocas posibilidades, pero sólo Caleb había dicho: “subamos, porque somos perfectamente capaces de vencerlos”. Sin embargo los otros once espías respondieron diciendo: “no podemos luchar contra ese pueblo, pues es más fuerte que nosotros”. La congregación, como siempre, le creyó a la mayoría. Ni el rasgarse las vestiduras ni la fervorosa petición de Caleb o de Josué, el asistente de Moisés, pudo hacerlos cambiar de opinión. A través de un espíritu de temor, la multitud había recibido una chispa de incredulidad y la había alimentado hasta una llama de falta de fe, que consumió a la nación en completa y derrotista desesperanza. 

Si no hubiera sido por los ruegos de Moisés, Dios los hubiera eliminado en un instante. Digamos que ¡Él estaba un poco enojado! Sin embargo, Dios decidió que a ninguno que perteneciera a esa generación se le permitiría entrar en la tierra prometida, ninguno excepto Caleb, quien habiendo visto lo mismo que los otros once espías, lo hizo con un espíritu diferente. 

Amigo, delante del Dios Todopoderoso te pregunto ¿qué te aflige? ¿Qué te falta para que poseas tu tierra hoy? ¿Qué está mal con los ojos de tu espíritu? ¡Cámbialo Mr. Magú! Si no lo haces, ¡podríamos tener que entrar en la tierra sin ti! 

Reflexiona: “Es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Hebreos 11:1

Ora: Señor, yo creo. Sí ¡te creo! Así que por favor ven y quita mi incredulidad y dame ojos limpios que vean con fe. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

 

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