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Susurros Nocturnos - 16 de Octubre, 2016

  • 2016 Oct 16
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Oct 16 Rebelde pero no tonto

ARREPIÉNTETE 

Isaías 3:8,9 

Jerusalén se tambalea, Judá se derrumba, porque su hablar y su actuar son contrarios al SEÑOR: ¡desafían su gloriosa presencia! Su propio descaro los acusa y, como Sodoma, se jactan de su pecado; ¡ni siquiera lo disimulan! ¡Ay de ellos, porque causan su propia desgracia!

Rebelde pero no tonto

El más públicamente extravagante de los homosexuales del Siglo XIX, Oscar Wilde, nació en un día como hoy de 1854, en Dublín, Irlanda. A partir de 1895, sufre encarcelación por sodomía y la subsiguiente destrucción total a manos del vengativo Marqués de Queensbury, lo que lo convirtió en una figura de la persecución y el sufrimiento homosexuales. Cristo murió por toda clase de pecadores, incluyendo a Oscar Wilde, no obstante, Dios no es ni blando, ni permanece en silencio en lo que respecta al pecado de sodomía.

Ahora amigos, a pesar de que yo personalmente soy extravagante, amo la poesía, las películas para mujeres y que lloro en público, no soy homosexual. No, me da miedo decir que mis pecados son mucho, mucho más profundos. Si se descubriera un gen para “el orgullo y el prejuicio”, entonces tal vez ¡me sentiría un poco mejor al reconciliarme con mis gemelos malvados!

Mi punto es este, Dios no lo hará, Él no va a reconciliar al pecado con el pecador. Su tarea es la totalidad y la santidad, ¡nada menos! Él nos liberará a todos, incluso a mí, de toda maldad. Amigo, tal vez la sodomía no sea tan terrible como mis tropiezos y caídas personales, pero les digo, la homosexualidad es también un mal que requiere de arrepentimiento.

¿Entonces qué haremos? Nos encontramos en las profundidades de una guerra abierta entre lo cortés y políticamente correcto y la aparentemente poco cortés y altisonante, Iglesia Evangélica de los intolerantes que pertenecen a una extrema derecha conservadora. Las líneas fueron trazadas, pero ¿qué debemos hacer cuando muchos de los jóvenes de las iglesias lo han confesado abiertamente y están caminando en el pecado de la homosexualidad? ¿Qué debemos hacer cuando algunos de nuestros líderes más renombrados han “salido del closet” y nos han sacudido hasta la médula al defender dicho estilo de vida? ¿Qué debemos hacer cuando la sociedad nos presenta a los arrepentidos vistiendo capuchas blancas, llenos de odio, tan falsos, escupiendo azufre y golpeando con la Biblia, como homicidas maníacos homofóbicos? ¿Qué harán ustedes, ahora que están batallando con ese mismo pecado? Querido amigo, ¿Qué debemos hacer?

Yo creo que el versículo de hoy trata sobre mi problema personal con el orgullo. Claramente, Jerusalén y Judea han caído (proféticamente), cuando su pecado interior de orgullo comenzó a ser mostrado externamente y sin dejar lugar a la duda, en sus rostros rebeldes e inflexibles. Algunos podrán decir que nuestra sociedad ya hace mucho que ha pasado esa etapa y como consecuencia está destinada a la destrucción. ¿Qué podemos hacer? Bueno, desde los labios de un arrepentido, me pregunto si todos ustedes tendrán en cuenta mi consejo:

Confiesen su inclinación y, si fuese necesario, confiesen su pecado. Lleguen a un acuerdo con Dios sobre su condición pecadora, porque ustedes saben que Él ha estado luchando con ustedes por esto. Pidan la gracia del perdón de Dios y recíbanlo con humildad, y finalmente comiencen a aferrarse a Su poder, ¡especialmente, como se expresa en una amorosa comunidad de arrepentidos de todos los tamaños, formas y colores y trasfondos!

Esto no es sencillo. Él nunca dijo que lo sería. Esto es una lucha, Él nos dijo que así sería. Sí, eso es lo que harán, es lo que todos haremos y lo haremos juntos. Arrepentirnos y luchar. Podemos hacerlo, después de todo, ¡todos estamos en esto juntos!

Reflexiona: “Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.” 2 Crónicas 7:14-15

Ora: Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti, solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que Tu puedas ser encontrado justo cuando hablas y sin culpa cuando juzgas. He aquí que en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre. He aquí Tu deseas la verdad en nuestro interior, y en lo que está oculto Tu nos harás conocer la sabiduría. Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve. Has que escuche la alegría y la felicidad, que los huesos que Tú has roto se regocijen. Oculta Tu rostro de mis pecados y borra todas mis rebeliones. Crea en mí un corazón limpio Oh Dios, y renueva un espíritu recto en mí. No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y abrígame con Tu generoso Espíritu. Entonces enseñaré Tus caminos a los transgresores y los pecadores se convertirán a Ti. (adaptado del Salmo 51:1-13)

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