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Susurros Nocturnos - 18 de Julio, 2016

  • 2016 Jul 18
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Jul 18 Bebe a sorbos, saborea y ¡baila la danza feliz!

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Romanos 10:14,15

Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!

Bebe a sorbos, saborea y ¡baila la danza feliz!

No creo que vaya a cambiar. Las personas siempre intentarán formar algún tipo de comunidad, y por supuesto, es en la comunidad donde se produce la comunicación real. 

Al alejar la mirada de lo que estoy escribiendo, me doy cuenta de que yo mismo estoy sentado en medio de una próspera comunidad local, incluso en una comunidad dentro de una comunidad: El Starbucks coffee de donde vivo. En realidad es un emporio con estilo de vida. Toda la gente hace fila para pedir su café, de todos las formas, tamaños y colores; una mujer policía armada, un constructor, un presidente de una empresa, una joven cuya ropa, o mejor dicho, cuya substancial falta de ella, da un indicio de lo que es su trabajo o sus intenciones... Personas jóvenes, personas viejas y un anciano indio Seminola sentado en la esquina. Todos estos personajes prestan toda su atención a los meseros españoles que conectan todas las órdenes en una extraña lengua angélica: “Frappuccino Cappuccino Mocha Latte Grande. ¡Frappuccino Cappuccino Mocha Latte Grande!”. Por poco me pongo en pie para pedir silencio y solicitar una interpretación antes de continuar con el espectáculo de variedades, pero la gente sabía, entendía y con los ojos borrosos, avanzaba agradecidamente a tropezones a recoger su antojo del día. 

El Presidente de la empresa se acercó y se sentó junto a mí; con quijada cuadrada y gafas oscuras, sin afeitar y a la moda, admirando la pantalla de 17 pulgadas de mi portátil. “Hombre, ¡este lugar es una locura peor que California!”. Acababa de mudarse a La Florida con sus cuatro hijos y estaba preocupado por tanta inmoralidad tan descarada. No era cristiano pero estaba preocupado. Interesante, ¿no? Le pregunté: “¿Cree que se necesiten más iglesias en esta ciudad?”. Y sonrió con una sonrisa del tipo ‘¿me está tomando del pelo?’. “Hombre... ¡hay una gran necesidad! ¿Ha estado por aquí en las horas de la noche?”. Era de día y eché un vistazo a mi alrededor, a las otras laptops que estaban abiertas, a los hombros encorvados y a los ojos contemplativos, todos indicando conexiones más vastas y transacciones monetarias, transmitiendo datos y soñando despiertos, navegando las autopistas inalámbricas, buscando y suspirando junto a su taza de café matutina, todos viviendo en la noche y algunos, incluso en ese momento, en ese preciso momento, anhelando el amanecer. Sí señores, había una necesidad de otra iglesia. Siempre hay una necesidad para eso. 

En donde sea que estemos, hay una necesidad extrema de Jesús, y con esa necesidad, ¡hay una gran oportunidad! En el reproductor de CDs de la tienda sonó la música, creo que de Ray Charles: “Amén, amén, tienes que empezar y dejarlo brillar, para mostrar tu amor”. El gran anuncio colorido de ofertas que estaba en frente de mí, me ofreció entonces, y nos ofrece a todos justo ahora, una invitación a la alegría y a la adoración, al trabajo y al servicio. “¡Hey!”, dice el Señor, “¡miren toda esta cosecha! ¡Pónganse a trabajar! Sí, beban a sorbos, saboreen y ¡bailen la danza feliz!”. 

Reflexiona: “Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así que comenzó a enseñarles muchas cosas.” Marcos 6:34 

Ora: En este lugar desértico en el que vivimos, oh Señor, el día está avanzado y nosotros escuchamos tu orden: “Denles algo de comer”. Transforma lo poco que tenemos en mucho, y luego ayúdanos a hacerlos sentar en la hierba verde para alimentarlos de Ti. Que les demos el agua de vida; que todos podamos beber a sorbos, saborear y luego bailar la danza feliz, juntos en Tu reino eterno. Así que haz de nosotros misioneros poderosos para cada comunidad con la que nos encontremos, donde sea que eso ocurra. ¡Amén!

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