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Susurros Nocturnos - 3 de Octubre, 2016

  • 2016 Oct 03
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Oct 3 Garabato Soñado

REJOCÍJATE 

Salmos 126:1-2 

“Cuando el Señor hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa...”

Garabato Soñado

¿Por qué será que el tratar de asir la humanidad de Cristo nos hace sentir como si estuviésemos al borde de la blasfemia? ¿Será quizá porque si podemos asir Su humanidad en nuestra imaginación, en descripciones verbales, o en nuestras acuarelas y óleos, entonces seguramente, estaríamos asiendo un atisbo de Divinidad, “una imagen de Dios” que podríamos tornarnos a mimar, guardar e idolatrar? Un ídolo esculpido nada menos que con nuestros propios pensamientos, en los conceptos de madera de nuestras mentes finitas. Quizá es allí donde fallamos en ponderar la humanidad de Cristo en su totalidad.

Sin embargo, ¿no fue acaso el propósito de la encarnación traernos lo infinito y lo eterno, aquí abajo, a nosotros? En Cristo mora toda la plenitud de Divinidad en forma corporal. Imaginen eso. ¡En forma corporal! Él es, en verdad, el Encarnado, el Dios vestido de carne, el Dios al alcance de la mano, aún de nuestro codo; sí, verdaderamente, Cristo Jesús es nuestro Emmanuel, Dios con nosotros.

Así que, mientras abrazamos la humanidad de Jesús, verdaderamente miramos en lo infinito, lo eterno y lo divino. ¿Puedo aventurarme hoy a soñar y garabatear para ustedes una imagen olvidada de Jesús? Es algo que he evocado, pero que a veces me pregunto, ¿saben?, simplemente me pregunto.

Verán, es cierto que en el Nuevo Testamento no hay registros de Jesús riendo y sonriendo. Sin embargo, cada día, Dios sonríe en el amor grabado en los pliegues de los bebés besados y abrazados. Dios sonríe en cada rayo del dorado y cálido sol que irrumpe por detrás de esas oscuras nubes. Dios sonríe en el andar pesado de los hipopótamos, en su cara boba, ¡en sus ridículas orejas de ratón plantadas en la cima de su cabeza tamaño de roca Ayers! Dios ríe en los ladridos agudos de los cachorros, en las cosas brillantes, en las bebidas calientes en las noches frías, en las ovejas tontitas cargadas sobre los hombros de los pastores; en hijos pródigos que despiertan en los atos de los cerdos, ¡oh sí! ¡Yo creo que Dios ríe y danza frente a sus hijos que cantan en las mañanas, todo el tiempo!

En mi garabato soñado yo podría decirles que Dios sonríe más que nosotros, y con tanta más continuidad y reboso de felicidad, que en ocasiones Él no puede contenerse. Tanto es así, que quizá, también en lo que nosotros consideraríamos como los lugares más inapropiados Él sonríe. Alguien escribió:

¡Y Dios rió!
Y yo dije, “¡No fue realmente gracioso!”
Y Él dijo “No,”
Y trató de disimular una risita.

Y luego Él tomó mi mano, nuevamente,
Y esta vez,
¡Rió a carcajadas!

Y yo sonreí.

Yo sonreí ante Dios riendo,
Dando palmadas sobre mi espalda
Y abrazándome.

Y luego,
Retrocediendo cierta distancia,
Él me tomó por mis hombros
Y me miró a los ojos.
¡Y Dios rió nuevamente!
¡CON FUERZA!

Amigo, ¿pudiera ser que Dios se deleite en tu despertar, en tu continua redención, en tu continuo caminar de Gloria en Gloria? ¿pudiera ser que Él, al ver a Su Hijo reflejado en tí, y al ver la confusión de todas las confabulaciones malvadas del enemigo ahora tornadas para tu bien; al ver la mancha de lepra lavada por completo, tu paz surgiendo desde la angustia, tu esperanza brotando desde la desesperación, tu fuerza sobresaliendo desde la debilidad, tu vida despertando desde la muerte... riera a carcajadas? ¿Pueden estas cosas y miles de cosas más, hacer que Dios ría a carcajadas? Mi garabato soñado dice, “¡Puedes apostarlo!” “¡Puedes apostar que sí!”

Entonces, mi oración de hoy para ustedes es que el risueño León del Cielo pueda saltar sobre ustedes con un rugido de gozo y en sorpresa avasallante, los haga ‘despertar’ con Su abrazo.

Reflexiona: “Pondrá de nuevo risas en su boca, y gritos de alegría en sus labios.” Job 8:21

Ora: Oh Señor, ¡ayúdame a reconocer Tu risa en mi vida, porque creo en que Cristo, mi mediador justo ha lavado mis pecados, ha quitado mi culpa y ha llenado todo el cielo y la eternidad con sorpresas de gozo dispuestas para los hijos del Dios Altísimo! Amén.

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