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Susurros Nocturnos - 5 de Diciembre, 2016

  • 2015 Dec 05
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Dec 5 ¡Días de danza y lugares de fiesta!

RECUERDA 

Salmos 42:4-5

Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! 

¡Días de danza y lugares de fiesta!

Probablemente nunca antes en la historia el tiempo libre haya sido denominado una ‘industria’. Esto es, una industria que puede ser descrita como: “una composición de trabajos y servicios que producen relajación y diversión para los millones de personas, ordinarias y mundanas que, en consecuencia ¡proveen de un vasto margen de ganancias para pagar salarios, satisfacer a los accionistas y sostener futuras inversiones!” Desde el punto de vista de la industria del ocio, todos los días que nosotros los consumidores, pasamos absorbiendo los anteriores servicios durante nuestras vacaciones, son considerados por ellos no sólo como días festivos, sino como días ‘santos’, porque sin nuestro uso feliz y completo de la industria del ocio, ésta colapsaría. ¡Y la caída sería tremenda! Los 108 kilómetros cuadrados (y en crecimiento) de ‘Disneylandia’ en el sur de la Florida son sólo un ejemplo de lo enorme que se ha vuelto esta industria. ¡Ocio, vacaciones, días santos y festivos! A propósito, ¿de qué se trata todo esto?

Las días santos de festejo y celebración en el Antiguo Testamento pueden ser resumidos bajo tres títulos principales: Pascua, Pentecostés y Peregrinaje. En varios aspectos estas tres celebraciones estaban vinculadas a una sociedad agrícola y eran, por ello, cíclicas, esperadas y permitidas en su contexto de las estaciones naturales de la vida, pues es en la naturaleza, después de todo, donde hay un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar. En aspectos específicos, estas tres festividades eran a su vez recordatorios ordenados por Dios. Por tres veces entonces, Dios ordena que el pueblo de Israel “Tome tiempo para recordar y celebrar Mi redención, Mi provisión y su jornada. ¡Ah, y mientras lo hacen, sean felices, coman, beban y dancen!”

Un análisis de estas festividades santas de Dios muestra que debemos estar atentos a recordar lo que Él ha hecho, lo que está haciendo y, especialmente, hacia dónde estamos yendo con Él, pues Él es quien nos ha redimido, nos ha dado Su presencia y Su poder al haber puesto nuestros pies sobre el Camino del Rey, ¡llevando nuestros pies y nuestros rostros hacia la Jerusalén celestial, la misma Sión, la ciudad de Dios, nuestro propio hogar eterno! Debemos tanto recordar como regocijarnos en esto.

Ahora, seamos honestos. Nuestro peregrinar hacia el cielo significa muy poco para muchos de nosotros porque la sensación de anticipación y celebración que deberíamos tener en la remembranza de estas cosas, ¡simplemente, no está allí! ¿Y por qué es esto? ¿Puede tal apatía ser remediada y, si así fuese, entonces cómo lo haríamos y qué diferencia generaría en nuestro tiempo libre y en nuestra vida si así fuera?

Bien, las festividades santas de Dios son para nuestra bendición. Son nuestros días festivos. Son para reconfortar nuestra alma, para la preservación de nuestra salud mental y el bien de nuestros cuerpos. En esto, estos días están allí para servirnos. ¡Recuerden que el Sabat fue hecho para el hombre y no el hombre para el Sabat! Desafortunadamente, ¡nosotros creemos que la industria del ocio está allí para servirnos! Si ellos pueden hacerse de unas cuantas monedas, unos pocos dólares por servirnos, entonces decimos, ¡me alegro por ellos!, pero su verdadero propósito es el proveernos de la paz y la prosperidad del cuerpo, alma y espíritu, que tan desesperadamente ansiamos. ¡Y si ustedes creen en eso, amigos, entonces creerán en cualquier cosa! No, en cuanto a la industria del ocio, es sólo eso, una industria. Entonces nosotros, los consumidores de ocio, estamos allí para servir a esa industria y no al revés. ¡Estamos allí para ella! La industria del ocio existe, esencialmente, para que el partir de nuestro dinero y la escalada de sus ganancias, sean lo más placenteras posible para nosotros. La industria del ocio no tiene tanto que ver con nosotros, sino tiene que ver con el dinero. No me extraña entonces que nuestras vacaciones raramente nos refresquen y nos hagan prosperar en nuestro peregrinar espiritual.

La diferencia es que las Festividades de Dios son sobre Él y nosotros, pero los días festivos dirigidos por la industria son sobre ellos y nosotros, pero sobre todo sobre ellos, y no creo que esto pueda ser cambiado. Quizá no deba cambiarse. Quizá debamos aceptarlo por lo que es. Tratar al animal por lo que es. Disfrutar el viaje. Tomar esa vacación. Sin embargo ¡no esperes acercarte más a Dios en tus días festivos! No esperes sentirte más a tono con Sus dones, Su poder, o tu peregrinar. ¡Después de todo, no son esa clase de Festividades Santas con las que la industria del ocio te esta abasteciendo! Dios quiere que tomes a tu cansado ser y te renueves para el peregrinaje; la industria del ocio sólo quiere que gastes.

¿Cómo podemos nosotros remediar nuestra, a menudo, situación exhausta, nuestra propia falta de verdadera reflexión espiritual, verdadero descanso y remembranza, con la verdadera impartición de poder que lleva a abrazar los próximos escalones de nuestro largo peregrinar hacia adelante y hacia arriba? Bueno, quizá debamos mirar a nuestros lugares de fiesta y, sí, estoy hablando de las reuniones en la iglesia local.

Verán, si las reuniones de la iglesia en el Día del Señor, raramente se destacan por la remembranza, el regocijo y la re-dedicación, sino más bien se destacan por ser muy rígidas, por una falta de preparación y por lo sombrío, entonces, querido amigo, morirás en vez de danzar. Sinceramente creo que el sólo pensar en las reuniones de la iglesia debe estar marcado por la expectativa de gozo entre nosotros. ¿Qué hay de ti y de tu iglesia? Quiero decir ¿qué haces en el Día del Señor? ¿Mueres o danzas? Después de todo, ¿cuántos de tus vecinos están tan asombrados de lo que Dios ha hecho por ti el domingo, que cuando te ven en la mañana del lunes, piensan que has estado en un descanso espectacular? Pregúntate a ti mismo qué acciones de gracias debes llevar a la fiesta del domingo. ¿Qué preparación en oración podrías estar llevando a cabo para ese día? ¿Qué ofrendas estás trayendo? ¿Qué cosas deberías compartir? Pues quizá, si en la iglesia local, nuestro verdadero lugar de fiesta, comenzamos a abastecernos unos a otros con días de danza y recuerdos, haciendo de la Festividad Santa, del domingo, el día más maravilloso de toda la semana, entonces quizá, sólo quizá, tanto nosotros como el mundo nunca será el mismo. ¿Por qué no hacer de cada reunión en el Día del Señor algo para recordar? ¡Asegúrense de prepararse muy bien para cada domingo y hagan de ello una fiesta para recordar!

Reflexiona: “Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza. De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios. Cuando todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, lo reconocieron como el mismo hombre que acostumbraba pedir limosna sentado junto a la puerta llamada Hermosa, y se llenaron de admiración y asombro por lo que le había ocurrido.” Hechos 3:7-10 

Ora: Señor, gracias por Tus días santos, y por el poder de Tu Espíritu Santo. ¡Por favor, márcalos en mi calendario semanal por medio de señales de libertad y vida y danza! En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

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