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Susurros Nocturnos - 6 de Octubre, 2016

  • 2016 Oct 06
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Oct 6 La afasia de Asaf

VE

Nehemías 12:46

Por mucho tiempo, desde los días de David y de Asaf, había directores de coro y cánticos de alabanza y de acción de gracias a Dios.

La afasia de Asaf

Una y otra vez, he leído el libro de Oliver Sack llamado El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero. Sus observaciones clínicas de personas con disfunciones neurológicas severas son altamente intrigantes, muy educativas y francamente “nos abre los ojos” acerca de lo que nosotros, la gente buena, llamamos normalidad.

Él describe una condición llamada afasia por la cual pacientes inteligentes estaban incapacitados para comprender las palabras habladas, aunque sí comprendían la mayor parte de lo que se les decía. Aparentemente, esta comprensión se debía a un incremento de la capacidad de discernir el significado de las expresiones y a algo que él describe como “sensibilidad de tono”. Como bien lo explica Sack, es sencillo comprender esto cuando uno reconoce que la conversación natural no consiste solamente de palabras sino también de expresiones. La palabra hablada es, ciertamente, la articulación pronunciada de la persona como un todo, cada palabra es imbuida de tono y expresión fuertemente arraigados. Sack continúa describiendo cómo una sala repleta de afásicos estalló en risas ante el discurso, que estaban viendo por televisión, de un ex-presidente de los Estados Unidos. Ellos no comprendían una sola palabra, en el sentido literal, de lo que él estaba diciendo, y sin embargo, la total e impresionante falta de sinceridad de la expresión del ex-presidente los llevó a una risa increíble. ¡Ahora, eso es un don!

Estoy seguro de que Asaf, del Antiguo Testamento, un Levita, hijo de Berequías, de la familia de Gersón no tenía Afasia. No obstante, estaba tan bien considerado como músico que el Rey David lo designó para presidir todos los servicios de los coros sagrados del templo. Era tan dotado como músico que su cargo se convirtió en hereditario y los hijos de Asaf, durante siglos, lideraron al pueblo de Dios en las alabanzas y la adoración a Dios. Oh sí. Asaf era considerado como un ungido, más aún como un visionario.

Yo prefiero esta antigua palabra para nombrar a un profeta. ¿Saben? Visionario. Alguien quien, por su entonación, tonos coloridos, tanto en la luz como en la sombra y con expresividad sutil ve en las cosas, y más aún, a veces, ve en el futuro. Asaf era un visionario y comunicaba su entendimiento a través de la música. Palabras, sí, pero palabras con música, palabras acompañadas de música, palabras repletas de tono, palabras cargadas de expresión, palabras ricas en comunicación danzante y no sólo de exactitud gramatical y prosaica. ¡Oh, si todos tuviéramos un toque de la afasia de Asaf!, porque el don profético es el don de ver, es un don de expresión tanto comprendida como impartida. ¡Me atrevería a decir que lo profético es más que palabras, porque las palabras pueden, en y por sí mismas, significar la más majestuosa de las maravillas, y aún pueden permanecer como monolitos incomprendidos, desconectados del corazón!

Hoy, comprometámonos a ser articuladores de palabras, más que murmuradores; a ser de las personas que llenan los espacios entre las palabras, con honestidad, amor y comunicación espiritual, porque la “confusión” caprichosa de las palabras poco claras puede consistir de tanta conversación, y tanta conversación, y tanta conversación, que se vuelven mentiras descascaradas, vacías y muertas ante nuestros corazones lastimados.

Visionarios, ‘vean’ entre las palabras y ‘escuchen’ las expresiones, a pesar de las palabras.

Reflexiona: “¡Hipócritas!” Bien hizo la profecía de Isaías sobre ustedes diciendo: “Estas personas se acercan a Mí con sus bocas, y Me honran con sus labios, pero sus corazones están lejos de Mí. Y Me adoran en vano, enseñando los mandamientos del hombre como doctrina”.

Ora: Señor, enséñame a escuchar y a comunicar con todo mi ser, para que mi corazón no esté nunca lejos de Ti, Mi Salvador y Mi Dios, en el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

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