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No pierdas tu sabor - Con Diseño Divino - La Semana del 1 de Marzo

  • 2017 Mar 01
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Con Diseño Divino

No pierdas tu sabor

De la Palabra de Dios: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mateo 5:13)

En varias oportunidades Jesús usó la sal en un sentido metafórico. Un ejemplo es el pasaje del principio, y otro lo encontramos en el evangelio de Lucas: “La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? La sal sin sabor no sirve ni para la tierra ni para el abono. Se tira. ¡El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda!” (Lucas 14:34-35).

Quizá necesitamos entender primero algunas cosas acerca de este condimento natural.

  • La sal se usa para resaltar el sabor en los alimentos. Las cosas sin sal son insípidas.
  • La sal se usa para preservar los alimentos, especialmente en situaciones donde no hay refrigeración. Cuando las carnes o los pescados se cubren con sal, esto impide el crecimiento de bacterias.
  • La sal por sí sola no pierde su sabor, es una molécula muy estable, pero cuando se contamina sí pierde su salinidad. Por ejemplo, los depósitos de sal a lo largo del Mar Muerto, entre Israel en el oeste y Jordania en el este, contienen una variedad de otros minerales como el yeso. Era bien sabido que la sal del Mar Muerto a menudo tenía una calidad inferior porque estaba mezclada con otras impurezas. El resultado era un producto débil o diluido.

De modo que, cuando Jesús habla de nosotros como sal perdiendo el sabor está hablando de una vida cristiana que se ha diluido, que está perdiendo su esencia, que está dejando que otras cosas la contaminen y, por consiguiente, pierde su “sabor”, su eficacia. 

Al mismo tiempo nos está diciendo que nuestra vida tiene que ser una influencia, algo que dé un sabor diferente al mundo que, por sí solo, es un lugar insípido porque carece de Jesús.

La naturaleza de mi profesión hace que pase mucho tiempo frente a la computadora y la mayoría de mis interacciones laborales son cibernéticas. De manera que no tengo muchas oportunidades cotidianas de intercambiar con otras personas cara a cara… de ser sal.

Todo eso siempre me llevaba a pensar cómo podía hacer mi parte para extender el reino de Dios. Cómo alcanzar otras vidas, cómo ser una influencia a nombre de Cristo.

Entonces llegué al mundo de las llamadas redes sociales, en Facebook. De esto hace ya varios años, y casi lo descubrí por “casualidad”.  Al principio fue meramente la emoción de volver a conectarme con amistades de quienes no había sabido en mucho tiempo. Sin embargo, poco a poco comencé a descubrir un mundo de posibilidades, una ventana de influencia que se abría desde la pantalla de mi computadora. Y bueno, luego vino el blog, la página pública en Facebook, Twitter, y hace poco, Instagram.

Sí, las redes sociales se han convertido en parte de mi vida, pero más que nada se han convertido en mi oportunidad de ser una influencia a nombre de Cristo. Quizá no pueda interactuar cara a cara con muchas personas todos los días, pero puedo alcanzarles con una palabra, una imagen. Y la realidad es que cara a cara es muy difícil alcanzar a más de mil personas todos los días, pero gracias a las redes sociales, ahora lo puedo hacer. ¡Y toda la gloria para Dios!

Te cuento todo esto por dos razones. La primera, entendamos que estos medios son una oportunidad preciosa que Dios pone en nuestras manos. Es completamente gratis, todos pueden tener acceso, y solo Dios sabe hasta dónde podemos llegar. De modo que no la desaprovechemos, usemos bien las redes sociales, inundemos este mundo con la verdad de Dios. Ahora como nunca antes podemos llegar hasta los rincones menos pensados.

La segunda razón, todas tenemos que buscar la manera de ser una influencia a nombre de Cristo. Alguien que ponga a los demás a pensar, alguien que lleve aliento, alguien que muestre estándares más allá de los que nos rodean. ¡Alguien que decida ser sal! Si trabajas fuera de casa, pídele a Dios que puedas ser una influencia diferente en tu trabajo, al interactuar con tus compañeros. Si te quedas en casa, quizá tienes amigas con quienes compartes, con quienes vas al parque para que los niños jueguen. Busca ser una influencia allí también. Y sí, casi todas tenemos un perfil en Facebook, aprovechemos esa oportunidad. A veces un sencillo versículo puede transformar el día de una persona... ¡o su vida! No estoy diciendo que tengas que volverte una predicadora cibernética, sino que uses el medio para ser una influencia a nombre de Cristo… ¡y no lo contrario!

De eso se trata ser “la sal de la tierra”, un condimento que, si falta en lo que comemos, todo sabe desabrido. Si tú y yo no buscamos ser una influencia, el mundo que nos rodea queda desabrido, porque solo la sal de Cristo da el verdadero sabor a la vida.

Mi querida lectora, hemos sido llamadas a ser “influencias”. No importa cuál sea tu estatus social, ni tu nivel escolar, ni cuántas personas conoces. Si aceptas el reto de Dios y le pides que te dé oportunidades, créeme que él lo hará. De hecho, hoy estás leyendo este artículo porque un día él me empujó a escribir y poner las palabras en la red. No sabía quién las leería, pero le dije que sí. ¡Y cuánto me ha sorprendido desde entonces! No lo cambio por nada.

(Este artículo forma parte de la serie “Caminando con Jesús”, en wendybello.com)

© 2017 Wendy Bello

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