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El Camino Bíblico - 16 de Septiembre

  • 2018 Sep 16
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Daniel 4

En la lectura de hoy:

El sueño de Nabucodonosor y la interpretación de Daniel; la fiesta del rey Belsasar; Daniel en el foso de los leones

Belsasar fue el último rey que gobernó a Babilonia; él reinó cerca del cumplimiento de los 70 años del exilio de los judíos. En la misma noche que los ejércitos medopersas invadieron a Babilonia para derrotar y asesinar a Belsasar, él estaba celebrando « . . . un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. . . . Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios . . . en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipe . . . y alabaron a los dioses de oro y de plata . . . » (Daniel 5:1-4).

De pronto: « . . . aparecieron los dedos de una mano de hombre» (5:5), que escribía en la pared. Belsasar se llenó de temor « . . . y sus rodillas daban la una contra la otra» (5:6). Sus astrólogos y hechiceros no podían interpretar el mensaje. En su desesperación, Belsasar mandó a llamar a Daniel, quien parece haber sido ignorado por unos diez años por el rey, y con gran denuedo Daniel le proclamó: «Esta es la interpretación del asunto . . . Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin» (5:26). Esa misma noche « . . . Darío de Media tomó (le quitó) el reino . . . » (5:31).

«Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas (príncipes), que gobernasen en todo el reino. . . . Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores . . . » (6:1,3). En un esfuerzo para destruir a Daniel, ellos le dijeron al rey: «Todos los gobernadores del reino . . . han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado . . . » (6:7-8).

Desde que a Daniel no se le había pedido que él también tenía que adorar a algún ídolo, entonces él pudiera haber razonado en sí mismo así: «¿por qué no cooperar con ellos y orar en secreto a Jehová?»

«Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes» (6:10). Tenemos que preguntarnos: Si un decreto similar fuese establecido por el gobierno hoy en día, ¿nos importaría si no se nos permitiese leer la Palabra de Dios o adorar en la iglesia los domingos? Sí, es verdad que Daniel terminó en el foso de los leones pero, después él también pudo testificarle vigorosamente esto al rey: «Mi Dios envió Su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño . . . » (Daniel 6:22).

Pensamiento para hoy:

El orgullo ciega nuestras mentes, y es por eso que no podemos ver la voluntad de Dios.

Lectura opcional: Apocalipsis 21

Versículo de la semana para aprender de memoria: Santiago 1:5



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