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Encuentro con Jesús - 12 de Abril, 2010

  • 2018 Apr 12
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Abril 12, 2010

2 Corintios 8.9

Gracia es la bondad inmerecida de Dios, y su bondad para con nosotros, sin tener en cuenta el valor o los méritos. Se da libremente a todos los que creen la buena noticia que Jesús es el Hijo de Dios, y que murió por nuestros pecados.

Pero, aunque la gracia es gratuita para nosotros, el Señor pagó un alto precio por ella. Dejó la riqueza del cielo para venir a la tierra a redimirnos y darnos las riquezas de su hogar celestial. Piense en lo que significó eso a la luz de la vida terrenal de Jesús.

Aquel que es Creador y Dueño de todo, vivió en la tierra sin poseer nada. Nació en un establo ajeno, no tuvo un lugar para recostar su cabeza durante los años de su ministerio itinerante, y pidió prestado no sólo un asno para entrar a Jerusalén, sino también un aposento alto para tener la última cena. Ni siquiera el sepulcro era suyo.

Cristo también dejó a un lado la gloria que tenía con el Padre. Aunque nunca dejó de ser Dios mientras estuvo en la tierra, su radiante divinidad fue cubierta de carne humana. Al haber nacido como un bebé indefenso, Jesús renunció al uso de su omnisciencia, y pasó por todas las etapas de crecimiento y desarrollo humano. El Hijo de Dios descendió de reinar en el trono del Padre, para lavar los sucios pies de sus discípulos.

Cristo se hizo pobre, pero no perdió nada. Él recuperó la gloria del cielo y nos la trajo a nosotros. De igual manera, cuando los creyentes le siguen no pierden nada y lo ganan todo. Morimos al yo, y ganamos nuestras almas; damos riquezas, y recibimos tesoros celestiales; y nos humillamos para ser exaltados en el momento decidido por Dios. Cristo se hizo pobre, pero no perdió nada. Él recuperó la gloria del cielo y nos la trajo a nosotros. De igual manera, cuando los creyentes le siguen no pierden nada y lo ganan todo.

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