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Encuentro con Jesús - 23 de Septiembre, 2010

  • 2017 Sep 23
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Septiembre 23, 2010

Isaías 45.6-9 

La lectura de ayer decía que Dios está en todo, desde los desastres naturales hasta los conflictos familiares. Nada toca la vida de un creyente a menos que Él lo permita. El señor puede hacer que aun nuestras peores experiencias sean para bien (ro 8.28).

Pero creer en la soberanía divina sobre todos los sucesos de la tierra implica una conexión entre el Dios santo y nuestro pecado. ¿Cómo se relacionan? Lea esto con cuidado: Dios no estimula al pecado ni induce a nadie a la tentación.

Él es santo, y por eso no puede estar en presencia del pecado. Es justo, por lo que exige el pago por las transgresiones. Y es amoroso y misericordioso, por lo que desea que todo el mundo lo conozca a Él y a su gracia salvadora. Tentar a las personas a pecar y luego condenarlas por su desobediencia, sería contrario a su carácter.

A veces, las personas señalan que isaías 45.7 (reina-Valera 1960) dice que Dios hizo la paz y creó la adversidad. Aunque me gusta el lenguaje poético de esa versión de la biblia, en este caso particular, me gusta más la traducción de La biblia de las américas, que dice que Dios es quien causa bienestar y crea las calamidades. Aun antes de que tomemos una decisión equivocada, el Señor sabe cuáles serán las consecuencias. Y Él utiliza como un instrumento de enseñanza las circunstancias malas que tienen que ver con nuestro pecado.

Tenemos libre albedrío; el Señor permite que nos salgamos con nuestra voluntad y sigamos nuestros propios planes. Él sabe que el pecado revela la debilidad y la soberbia de la carne. Una vez que nos damos cuenta de nuestra fragilidad, Él nos enseña a morir al yo, y a confiar en el poder de Cristo (Gá 2.20). Tenemos libre albedrío; Él sabe que el pecado revela la debilidad y la soberbia de la carne. 

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