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Desde El Corazón Del Padre - La semana del 31 de Mayo

  • 2010 May 31
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Andad sabiamente… 

Redimiendo el tiempo.

Colosenses 4:5 RV

Esta ha sido una semana muy ocupada, pero parece ser la regla más bien que la excepción en estos días. ¡Y algo me dice que cada uno de ustedes puede relacionarse a esto! La vida vuela por delante de nosotros a una velocidad  increíble, y sólo tratamos de correr un poco más rápido para poder estar en el flujo de las cosas. ¿Pero una vida vivida en "modo de emergencia" nos permite que "andemos en sabiduría…redimiendo el tiempo"?

Yo mantengo  mucha actividad en mi vida diaria, incluso la escritura de libros y artículos; apareciendo en la radio y la TV; la enseñanza en conferencias y retiros; asegurándome que  "Facebook" y "Twitter" y mi blog están todos actualizados; comprobando y contestando correos electronicos…bien, ustedes pueden ver el cuadro. Muchos de ustedes tienen listas similares, o peor.

En medio de todo esto yo estoy  determinada y disciplinada a mantener mis tiempos tranquilos de comunión con el Señor — y lo hago. Aún a veces me preocupo que permito que ese tiempo tiene que ser reducido al nivel de mis otros deberes y actividades que tengo que hacer.

Y luego a lo largo viene un encuentro ordenado por Dios como el que tuve esta semana, y esto pone todo lo demás en perspectiva. ¿Ocurrió esto en una conferencia cristiana o mientras autografiaba libros, o durante una entrevista de radio especialmente significativa? No.  Andaba haciendo  algunas diligencias con mi mamá y me había parado para comprar algunos  comestibles. Mi mamá se quedó en el coche para leer mientras entré corriendo en la tienda. En la línea expresa, la mujer delante de mí pareció tomar más tiempo que cualquiera docena de  personas debería, y yo me sentía más que un poco frustrada cuando finalmente surgí con mi única bolsa de comestibles. Cuando salí a la luz del sol y me dirigí hacia mi coche, oí estas palabras: ¿"señora, puede usted darme algunas monedas?"

Mi inclinación natural no era hacer caso de la interrupción y entrar en el coche e irme. Pero de todos modos, la pequeña voz dijo, "Para. Míralos a ellos." Entonces así lo hice.

La joven pareja delgada, sucia, despeinada, llevando lo que era sin duda sus únicas posesiones terrenales en carteras de colegiales en sus espaldas, rompió mi corazón. Ellos podrían haber sido mis hijos — o nietos.

Les pedí esperar mientras puse los comestibles en el coche, y luego volví para darles unos dólares. ¿"Puedo orar con ustedes?" Pregunté. Ellos fácilmente estuvieron de acuerdo.

Cuando puse mis manos sobre los hombros de ellos, sentí que la joven mujer temblaba mientras  un sollozo se escapó de  su garganta. Oreé que Dios les revelara cuanto Él los ama, y que Él los sostendría en Sus manos y los acercaría a Su corazón. Cuando terminé, la muchacha examinó mis ojos y yo sabía que ella había andado con Dios en algún tiempo. Era obvio que ella había reconocido mis palabras y había recordado el amor incondicional que los abasteció de energía.

He orado por aquella joven pareja muchas veces desde aquel breve encuentro, y seguiré haciéndolo  así cada vez que Dios los trae a mi pensamiento. También voy a dar  gracias a Dios por  permitir que yo tuviera aquel momento de rescate en mi semana por otra parte tan ocupada como la actividad de un  hámster en su jaula. Este fue  el enfoque de luz de todo lo  que experimenté estos días pasados, así como un recordatorio de por qué estoy aquí y por qué hago lo que hago. Ya sea que esté escribiendo o hablando, orando o dando clases, estamos aquí para la realización de la Gran Comisión, de completar el ministerio de reconciliación. Si queremos ver que ese  objetivo sea  realizado, tenemos que "andar en sabiduría…redimiendo el tiempo." Sólo podemos hacer esto cuando prestamos atención a esa pequeña voz que dice, "Para. Míralos a ellos." 

***

Walk in wisdom… 

redeeming the time.
Colossians 4:5

It's been a busy week, but that seems to be the rule rather than the exception these days. And something tells me that every one of you can relate! Life is flying past us at warp speed, and we just try to run a little faster so can go with the flow. But does a life lived in "emergency mode" allow us to "walk in wisdom…redeeming the time"?

I log a lot of activity in my everyday life, including writing books and articles; appearing on radio and TV; teaching at conferences and retreats; making sure Facebook and Twitter and my blog are all updated; checking and answering emails…well, you get the picture. Many of you have similar schedules, or worse.

In the midst of all that I am determined and disciplined to maintain my quiet times of communion with the Lord—and I do. Yet I sometimes worry that I allow that time to be reduced to the level of some of my other must-do activities.

And then along comes a God-ordained encounter like the one I had this week, and it puts everything else into perspective. Did it take place at a Christian conference or a book-signing, or during an especially meaningful radio interview? No. I was running some errands with my mom and had stopped to pick up a few groceries. Mom stayed in the car to read while I ran into the store. In the express check-out line, the woman in front of me seemed to take longer than any twelve people should, and I was feeling more than a bit frustrated when I finally emerged with my single bag of groceries. As I stepped out into the sunlight and headed for my car, I heard these words: "Ma'am, can you spare some change?"

My natural inclination was to ignore the interruption and get into the car and drive away. But a still, small voice said, "Stop. Look at them." So I did.

The thin, dirty, disheveled young couple, carrying what was no doubt their only earthly possessions in satchels on their backs, broke my heart. They could have been my children—or grandchildren.

I asked them to wait while I put the groceries in the car, and then I returned to hand them a few dollars. "May I pray with you?" I asked. They readily agreed.

As I laid my hands on their shoulders, I felt the young woman tremble as a sob escaped her throat. I prayed that God would reveal to them how very much He loved them, and that He would hold them in His hands and draw them to His heart. When I finished, the girl looked into my eyes and I knew that she had walked with God at one time. It was obvious she had recognized my words and remembered the unconditional love that fueled them.

I have prayed for that young couple many times since that brief encounter, and I will continue to do so each time God brings them to my mind. I will also thank God for allowing me to have that redeeming moment in my otherwise busy week of hamster-cage activity. It was the highlight of all I experienced these past days, as well as a reminder of why I'm here and why I do what I do. Whether it's writing or speaking, praying or teaching, we're here for the purpose of fulfilling the Great Commission, of completing the ministry of reconciliation. If we want to see that purpose fulfilled, we need to "walk in wisdom…redeeming the time." We can only do that when we heed that still, small voice that says, "Stop. Look at them." 

Kathi Macias, popular speaker and prolific author, is an Angel-award winning writer who has published nearly thirty books, including her latest releases, Mothers of the Bible Speak to Mothers of Today (New Hope Publishers) and My Son John (a novel from Sheaf House). Whether keyboarding her latest book, keynoting a conference, or riding on the back of her husband's Harley, Kathi "Easy Writer" Macias is a lady on a mission to communicate God's vision. Her insightful words—filled with passion, humor and soul nourishment—refresh audiences from all walks of life. Join Kathi as she hosts "Write the Vision" every Thursday from 6—7 p.m. (Pacific Time) via THE International Christian Network (www.theicn.com). To learn more about Kathi or to book her for your next event, visit www.KathiMacias.com. Spanish translations by Cynthia Alcantara (cynthia.alcantara1@gmail.com).

 



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