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Dios demuestra su gracia - Primeros15 - 20 de Agosto

  • 2019 Aug 20
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Tema de la Semana: El Hijo Pródigo

La historia del hijo pródigo mueve mi corazón a ahondar en las profundidades de la gracia ilimitada de Dios. Me encuentro a mí mismo en cada faceta de las palabras de Jesús. Me identifico tanto con la rebelión del hijo como con el poder del amor del padre. Como hijos de Dios constantemente necesitamos recordatorios de la misericordia de Dios hacia nosotros. Cuando el mundo nos rechaza, Dios nos llama a entrar; cuando el mundo nos castiga, Dios nos viste de justicia y honor. Que esta historia transformadora del hijo pródigo te guíe a una relación más profunda e íntima con tu amoroso Padre celestial.

Dios demuestra su gracia

Pasaje Bíblico:“De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia”. Juan 1:16

Devocional:

Ningún pasaje de la Biblia ha impactado más mi vida que la parábola de Jesús sobre el hijo pródigo. Me encuentro a mí mismo en cada faceta de esta historia. Veo mi propio pecado y orgullo en la insensatez del hijo al huir del Padre. Veo la desesperación y la miseria que resultan de mi propio pecado cuando el hijo anhela la comida de los cerdos. Veo mi necesidad desesperada de perdón, gracia y restauración en el regreso del hijo. Y, más que nada, veo la gracia insondable de mi Padre celestial cuando el padre de la historia sale corriendo para abrazar a su hijo desobediente y descarriado.

En lugar de comenzar a considerar la parábola del hijo pródigo con mis propios pensamientos, toma un tiempo para permitir que la totalidad de las palabras de Jesús en esta historia transformadora impacten tu vida. Pídele al Espíritu Santo nuevos ojos. Encuéntrate en las palabras de Jesús. Te pido que sientas el egoísmo y la rebelión en el hijo pródigo. Te pido que sientas la desesperación y la soledad que proviene del pecado y la separación del Padre. Y te pido que sientas el amoroso abrazo de tu Padre celestial mientras el corazón de tu Dios se muestra claramente a través de esta historia que cambia la vida.

“Un hombre tenía dos hijos… El menor de ellos le dijo a su padre: ‘Papá, dame lo que me toca de la herencia’. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. 

Por fin recapacitó y se dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros’. Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: ‘Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo’. Pero el padre ordenó a sus siervos: ‘¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado’. Así que empezaron a hacer fiesta.

Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música del baile. Entonces llamó a uno de los siervos y le preguntó qué pasaba. ‘Ha llegado tu hermano… y tu papá ha matado el ternero más gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo’. Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera. Pero él le contestó: ‘¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!’. ‘Hijo mío…, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado’”. (Lucas 15:11-32)

Guía de Oración:

1. Sitúate en cada faceta de la historia. Encuentra tu propia historia de redención y reconciliación en las palabras de Jesús.

2. ¿En qué áreas necesitas hoy la gracia de tu Padre celestial? ¿Qué parte de tu vida necesita el amor redentor de Dios?

3. Acude al Padre y confiesa tu pecado. Confiesa tu necesidad de su abrazo y perdón. Permítele perdonar y sanar las áreas de tu vida forjadas con la destrucción del pecado.

Estamos en constante necesidad de la gracia de Dios. Nunca viviremos un día perfecto, nunca saldremos de la necesidad inmensa de ser amados y perdonados incondicionalmente por nuestro Padre. El pecado nos roba la vida abundante que tenemos disponible todos los días en Jesús. Y hasta que no permitamos que Dios perdone y sane los lugares pecaminosos en nuestras vidas, no experimentaremos el tremendo poder y la gracia de nuestro Padre celestial en esas áreas. Que puedas pasar todo tu día envuelto en los brazos de tu Padre. Que él te dé una nueva identidad como su hijo perdonado y libre. Que experimentes la vida abundante que solo se encuentra al recibir la gracia abrumadora y gratuita de Dios.

Lectura Complementaria: Romanos 6

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