Una entrega inusual

“Al probar Jesús el vinagre, dijo: —Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.” Juan 19:30

Es usual que los seres humanos luchen con todas sus fuerzas contra la muerte. Con los cristianos, sin embargo, es diferente.

Un comunista, que estaba en un campo de concentración nazi, se convirtió cuando vio el acto totalmente desinteresado de una mujer llamada María. Para llenar la cantidad requerida de ejecuciones diarias, el oficial a cargo sentenció a una joven madre a la cámara de gas. Cuando María, que era cristiana, vio lo que estaba pasando, empujó a la joven a un lado, y ocupó su lugar.

Con ese acto totalmente desinteresado, María mostró que los cristianos no tienen miedo a la muerte. Lamentablemente, María pudo dar su vida por una sola persona. Aun cuando su sacrifico fue inmenso, lo más que hizo fue comprarle a esa joven madre, cuando mucho, unos años más de vida.

En contraste, nosotros tenemos un Salvador que se sacrificó a sí mismo por todo el mundo. Más aún, la muerte y resurrección de Jesús nos da vida con él para toda la eternidad. Las palabras de la Escritura: “y entregó el espíritu”, muestran el gran amor de Dios en acción. Gracias a lo que Jesús ha hecho, la muerte ya no es más algo a ser temido. Gracias a Jesús tenemos vida, y vida eterna.

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, ayúdame a vivir cada día como si fuera el último, nunca temiendo a la muerte. Amén.

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