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Devocional para Parejas - La semana del de 15 Abril

  • 2013 Apr 15

El Poder de la Palabra

No dejen que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino solo aquella palabra que sea buena para la edificación. Efesios 4:29

Hoy día los niños aprenden a “teclear” antes que a mecanografiar, pero cuando yo era joven, aprendíamos a mecanografiar en máquinas de escribir auténticas. En la secundaria me esforzaba en mi clase de mecanografía, pero hice un magnífico descubrimiento: Si podía digitar 60 palabras en un minuto, incluso con 15 errores, obtendría una calificación A en velocidad y una calificación F en precisión. Si se promediaban las dos, eso me daría una calificación C para la clase. Yo podría subsistir con eso.

Pero a la Sra. Whittington, mi profesora de mecanografía que ya pintaba canas, no le gustaba mi lógica. Ni mi conducta. Y un día enfrente de toda la clase—exasperada conmigo por algo que yo había hecho—me señaló con su dedo extremadamente huesudo y me dijo, “Dennis Rainey, tú nunca llegarás a nada”.

Estoy seguro de que antes de terminar el día, ella había olvidado su comentario. Pero yo nunca lo olvidé. Y cuando me gradué de la universidad, fui en carro a su casa y toqué el timbre de su puerta. Cuando salió a la puerta, le dije (de modo bondadoso), “Hola, Sra. Whittington, soy Dennis Rainey. Quería que supiese que me acabo de graduar de la universidad y me estoy preparando para ingresar en el ministerio cristiano a tiempo completo”.

En otras palabras, “Voy a llegar a ser algo, a pesar de lo que usted dijo”. ¡Estoy seguro de que se preguntaba por qué motivo había ido a su casa a decirle aquello!

Ahora, ¿debía yo haber hecho aquello? Probablemente no. Pero las palabras pueden lastimar. Penetran y dejan una profunda huella, para bien o para mal.

Por ese motivo Pablo nos instruyó para utilizar nuestras palabras para la edificación—para construir, para fortalecer, para aligerar la carga de los demás, para dar a alguien valor de acuerdo a la necesidad del momento. Él no estaba hablando de adulación, o falsa alabanza, sino sobre expresar palabras de apoyo y aliento.

Porque cuando no nos estamos edificando los unos a los otros, probablemente nos estamos derribando mutuamente.




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