Juzgar y ser juzgado

No paguemos a nadie mal por mal...Romanos 12:17

Nos encanta juzgar a las personas que sufren, aún cuando sólo conozcamos una parte de su historia. Pero cuando somos nosotros quienes sufrimos por algo, no nos gusta que nos juzguen así, ¿no es cierto? ¡Por supuesto que no! Lo que esperamos y necesitamos es un hombro amigo, alguien que nos extienda su mano y nos ayude. Lo que necesitamos es un amigo que se siente a nuestro lado y sienta con nosotros ese dolor. Necesitamos consuelo, y no juicio.

Dios sabía todo esto. Por ello, al mirar al ser humano, tuvo compasión. Él bien podía habernos juzgado y, con toda razón, habernos condenado al infierno. Pero prefirió ayudarnos y consolarnos, enviando a Jesús. Jesús es Dios viniendo a nosotros a amarnos y consolarnos, y a dar su vida para rescatarnos.

ORACIÓN: Ven, Señor Jesús, y llena mi vida de paz y consuelo. Amén.

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