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Susurros Nocturnos - 24 de Mayo, 2016

  • 2016 May 24
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May 24 Escuchando lo inefable

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Hechos 20:22-23

Y ahora tengan en cuenta que voy a Jerusalén obligado por el Espíritu, sin saber lo que allí me espera. Lo único que sé es que en todas las ciudades el Espíritu Santo me asegura que me esperan prisiones y sufrimientos.

Escuchando lo inefable

Imagínate ese testimonio constante que se repite cada vez que Pablo llega a un nuevo lugar y escucha al Espíritu Santo decirle "Hombre, ¡aquí también te meterás en problemas!” Imagínatelo. Es casi absurdo, ¿verdad? Esto hacía de la misión de Pablo algo similar a una comedia de humor negro. Eugene Peterson estaba en lo cierto al parafrasear el comentario de Pablo en 1ª Corintios 4:9-10: “Me parece que Dios nos ha puesto a nosotros, los que llevamos Su mensaje, en el escenario de un teatro en el que nadie quiere pagar la entrada. Somos algo que todos rodean y miran, como un accidente en la calle. Somos los inadaptados del Mesías”

Hablando de los inadaptados del Mesías, me acuerdo de una de mis partes favoritas de otra comedia de humor negro, “Jacob, el mentiroso”, protagonizada por Robin Williams y que trata sobre un Gueto Judío en la 2ª Guerra Mundial. Uno de los personajes le dice a un amigo “Yo creo que somos el pueblo escogido, ¡pero quisiera que el Todopoderoso hubiese escogido a otra gente!” Amigos, me pregunto si Pablo alguna vez se sintió igual. Humanamente hablando, claro, yo diría “¡Sí, Por supuesto que sí!" Sin embargo, las evidencias en la vida y en los labios de Pablo parecen expresar todo lo contrario a esa conclusión.

Desde el principio Pablo sabía que iba a sufrir por el nombre de Jesucristo, y así sucedió: “He trabajado más arduamente, he sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces. Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez. Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias.” 2ª Corintios 11:23-28.

Entonces, mi pregunta es esta: ¿Qué fue lo que impidió que este hombre se volviera loco de amargura e indignación? ¿Pudiera sugerir que nada excepto una visión de parte de Dios y de Dios mismo pudo sostenerlo y capacitarlo para tal comisión? Quizás nosotros deberíamos anhelar una visión similar que nos infunda poder. ¿Qué te parece? Querido amigo, permíteme preguntarte hoy, ¿cuál es tu visión motriz? ¡Dios! Necesitamos una visión, ¿verdad? ¿Cuál es tu visión? ¿La puedes ver?

Reflexiona: “Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe). Y sé que este hombre (no sé si en el cuerpo o aparte del cuerpo; Dios lo sabe) fue llevado al paraíso y escuchó cosas indecibles que a los humanos no se nos permite expresar.” 2 Corintios 12:2-4 

Ora: Oh, Señor, cúbreme y muéstrame el cielo. A no ser que nos hables, que nos muestres, que nos manifiestes tu cuidado y dirección, el camino que tenemos por delante es demasiado abrupto, y el bosque profundo en el que en Tu nombre hemos entrado, se ha tornado demasiado oscuro y frío como para seguir sin Ti. Habla Señor en la quietud, mientras esperamos en Ti. Aquieta nuestros corazones para escuchar con atención. Amén.

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