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Ánimo Para la Mujer - La Semana del 28 de Agosto

  • 2013 Aug 28
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YO Y MI BOCA DE MAMÁ

Karen Ehman

 “Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.” Proverbios 31:26 (NVI)        

Lectura:

Cuando estoy tratando de controlar a alguien o alguna situación he notado que tengo un pequeño problema para controlar mi lengua.

Por ejemplo, el otro día tenía  que lavar los platos sucios. Si yo hubiera sido la persona que los lavaba, los hubiera lavado en la secuencia correcta que aprendí en mi clase de economía doméstica, de menos a más sucios. En cambio, era mi hijo, un inteligente preadolescente, quien los estaba lavando.

Él no tuvo una mala actitud cuando se le pidió que lavara los platos. No fue irrespetuoso, y no arrastró los pies. Estaba haciendo el trabajo. Así que, ¿por qué me sentía tentada a decirle en un tono áspero que estaba haciéndolo mal?

Porque él no estaba haciéndolo a mi manera.

Comenzó con las ollas y los sartenes sucios. Luego se trasladó a los platos y cubiertos. Finalmente, tuvo que llenar el fregadero con más agua para que los vasos quedaran brillantes. Mientras trabajaba, trató de colocar algunos vasos de plástico en forma de una pirámide.

Al mirar sus modos no convencionales, sentí una irritación por dentro de mí. Una reacción cruel estaba tratando de salir; reacción que no estaba controlada por el Espíritu Santo. Si no me hubiera dado cuenta a tiempo, hubiera abierto la boca de mamá y hubiera dicho:

"¿Qué estás haciendo? ¿No sabes que utilizas más agua para lavar los platos en ese orden? Además ¡el agua ahora está asquerosa!"

 "Deja de jugar acumulando las tazas. ¡Ay! ¿Por qué siempre tienes que jugar mientras trabajas? ¡Eres tan lento!".

¿Qué estaba pasando realmente? Quería ser una controladora y disparar palabras que habrían transmitido pensamientos silenciosos.

Creía que la única forma de lavar los platos es mi forma.

Veía las diferencias como algo malo.

Interpreté que un preadolescente, siendo un preadolescente, con una pequeña distracción como diversión, era lento.

Cada vez que me descargo en mi hijo (o cualquier otra persona), tiene el potencial de dañar nuestra relación y sembrar en su mente cómo su madre lo visualiza a él, dándole el mensaje de que no tiene valor. No soy la mujer, del versículo clave de hoy, que habla con sabiduría e instruye con amor.

Esto no contribuye a un hogar feliz y poco a poco he aprendido que es mejor si estas situaciones tienen una solución diferente.

Así que vamos reproducir esa escena con una nueva dosis de perspectiva y una respuesta que honra a Dios, controlada por el espíritu de acuerdo con Proverbios 31:26.

Cuando veo a mi hijo lavando los platos en un orden ilógico, puedo tomar nota en mi mente para explicarle una forma mejor de hacerlo que ahorre tiempo, dinero y agua. Cuando haya terminado, puedo alabar sus esfuerzos, teniendo en cuenta su edad y habilidades.

Intencionalmente puedo señalar aspectos de su método en particular. "Vi la forma inteligente en que acomodaste los platos. Siempre trabajas en una manera divertida. Quisiera ser más como tú."

Mentalmente me puedo hacer preguntas que mantengan mis emociones calmadas y  "mi boca de mamá" sabia. Como...

¿Importa ahora o importará mañana?

¿Afectará la eternidad?

¿Estará Dios tratando de enseñarme algo? Si es así, ¿qué?

¿Puedo hacer una pausa y alabar en lugar de interrumpir e instigar?

¿Realmente es una cuestión que debo abordar con mi hijo?

¿Soy una controladora y necesito soltar el asunto?

La interacción sería una experiencia de aprendizaje para ambos. No dañaría la relación sino que se alimentaría. Sería prudente. Amable. Y no habría ningún tiempo perdido, sin remordimientos y sin necesidad de llamar a las fuerzas de paz de las Naciones Unidas para la intervención.

Esta mamá sería menos controladora y más a la manera de Proverbios 31. Puede que no llegue fácilmente a ser esta mamá, créeme, por lo general no es así, pero con el Espíritu Santo, es posible.

Podemos aprender a hablar con bondad y sabiduría de Dios. Y entonces no habrá necesidad de ¡tapar mi boca de mamá!

Estimado Señor, ayúdame a llenar mis palabras con tu Espíritu Santo mientras hablo con mi familia hoy. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:

¿Cuál de las preguntas arriba mencionadas puedes hacerte a ti misma cuando te ves tentada a controlar demasiado?  

¿Cómo responderías de manera diferente la próxima vez que te veas a punto de hablar de manera imprudente o cruel?


Versículo poderoso:
Salmos 139:4, “No me llega aun la palabra a la lengua cuando tu, Señor, ya la saber toda. “ (NVI)

© 2013  de Karen Ehman. Todos los derechos están reservados.  

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