Ezekiel 37

En la lectura de hoy:

El valle de los huesos secos; la profecía contra Gog; y la visión de un Israel restaurado

Después que Nabucodonosor destruyó a Jerusalén en el año 586 A.C., casi todos los israelitas que se quedaron atrás fueron dispersos a lo largo de Babilonia entre los exilados de muchas otras naciones paganas. Desde que su ciudad y su templo fueron destruidos, toda esperanza de restaurar su nación fue abandonada.

Fue durante este tiempo de desesperación nacional que Ezequiel recibió una nueva visión y dijo: «La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos» (Ezequiel 37:1). Los huesos estaban secos y emblanquecidos, habiendo estado allí ya por mucho tiempo. «Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, Tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd Palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis» (37:3-5).

Como nación, Israel estaba literal y espiritualmente muerta y sin esperanza de ser restaurada. Sin embargo, así como los huesos secos, no estaba enterrada. Ezequiel entonces continúa profetizando: « . . . y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso» (37:7). Ezequiel proclamó la Palabra de Dios, « . . . y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo» (37:10). Aunque los israelitas estaban diciendo: « . . . Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos» (de la tierra prometida) (37:11), este ejército fue lo que predijo la restauración futura de Israel.

Ezequiel fue entonces mandado a proclamar las buenas nuevas: «Y sabréis que Yo soy Jehová . . . (y) pondré Mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra . . . » (37:13-14). Después de más de 2.500 años, hoy en día los israelitas existen otra vez como una nación dentro de la tierra prometida y muy pronto Dios cumplirá Su promesa a David. El Mesías Rey de Israel, Cristo Jesús, gobernará el mundo desde Jerusalén (Isaías 2:1-4).

Los huesos secos también describen nuestra naturaleza humana y pecaminosa cuando vivimos sin el poder transformador del Espíritu Santo. La vida eterna es posible cuando confesamos y nos arrepentimos de nuestros pecados y le permitimos a Jesucristo ser el Señor de nuestras vidas. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).

Pensamiento para hoy:

¡Jesucristo viene pronto! ¿Está usted listo?

Lectura opcional: Apocalipsis 16

Versículo de la semana para aprender de memoria: Santiago 1:4