Jeremiah 1

En la lectura de hoy:

El llamamiento de Jeremías; su mensaje a los pecadores de Judá; la presente apostasía que resultó en idolatría; la súplica para el arrepentimiento de Judá

Dios le reveló a Jeremías que Él tenía un plan y un propósito para cada uno de nosotros aun antes de nuestro nacimiento: «Vino, pues, Palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones» (Jeremías 1:4-5).

¡Piense en esto! Dios «le conocía» y tenía un plan para su vida aun antes de ese día cuando usted nació. Por medio de esta revelación que Dios le dio a Jeremías sobre el origen de la vida humana, Dios reveló que nuestro nacimiento no es nuestro verdadero principio aquí en la tierra y que la muerte no es nuestro verdadero final. Tal y como Jeremías, necesitamos mirar a lo que es correcto hacer. ¡Dios es el Dador de la vida! Como creyentes vamos a darle gran honor a la santidad de la vida humana, pues cada persona tiene un propósito divino.

El Espíritu Santo guio al rey David a escribir: «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son Tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de Ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra» (Salmo 139:14-15). Tanto el padre como la madre tienen la responsabilidad bíblica de reconocer que cada niño, desde el día que es concebido, pertenece a su Dios el Creador. Los dos padres tienen la responsabilidad de ser administradores de Dios y enseñarles a sus hijos cómo conocer, cómo amar, y cómo ser obedientes a Dios.

Al apóstol Pablo, Dios le reveló esto: « . . . (Dios) nos escogió en Él (en Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él. . . . En Él asimismo tuvimos herencia . . . alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos» (Efesios 1:4,11,18). Usted es muy especial. Dios ha tenido un plan maravilloso para usted desde antes de su nacimiento. Dios nos ha escogido a cada uno de nosotros para Su sagrado propósito, pero Él nos ha dado la libertad (el libre albedrío) para escoger a quien vamos a servir. Jesucristo nos declaró una verdad que a veces pasamos por alto al decir: «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24). Vamos a elegir ser como Josué y declarar: « . . . pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15).

Pensamiento para hoy:

La Palabra de Dios nos revela la diferencia entre la verdad y el error; pero si no la leemos, no hay otro modo de saber los verdaderos hechos.

Lectura opcional:

I de Pedro 4

Versículo de la semana para aprender de memoria: Isaías 55:11