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El Camino Bíblico - 21 de Febrero

  • 2014 Feb 21
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Numbers 8

En la lectura de hoy:

La purificación de los levitas; la celebración de la segunda Pascua; la presencia del Señor les guía por medio de la nube y el fuego sobre el tabernáculo

Los israelitas obtuvieron su libertad de Egipto después de observar la primera Pascua. La sangre había sido puesta en el dintel de las puertas, pero de igual importancia, ellos fueron mandados a comer el cordero.

La liberación de Egipto no significaba que ellos eran libres para hacer lo que querían. En Egipto ellos estaban bajo la cruel esclavitud del Faraón; pero ahora ellos eran libres para seguir el liderazgo del Único Dios Verdadero.

«Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: Los hijos de Israel celebrarán la Pascua a su tiempo. El decimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la celebraréis a su tiempo; conforme a todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraréis» (Números 9:1-3).

La Pascua era un recordatorio de cómo los israelitas habían obtenido su libertad. Ellos no solamente tenían que participar en celebrar la Pascua como una fiesta solemne, pero eran también requeridos a traer la ofrenda del Señor: «Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la Pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo (condenado a muerte); por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová» (9:13).

Cuando nosotros observamos la cena del Señor, estamos recordando que, por la expiación que tenemos en la muerte de Cristo, somos libres del castigo del pecado, somos hechos hijos de Dios, y somos preparados para la jornada de nuestro desierto por esta vida. « . . . (Porque) nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros» (I de Corintios 5:7). Fue nuestro Señor Jesucristo quien nos dijo: «Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga» (I de Corintios 11:26).

Así como el Señor determinó la jornada de las tribus de Israel, Él también tiene un plan para usted durante este viaje aquí en esta vida. Nuestra meta suprema debe ser de cumplir Su propósito por habernos creado. Cuando Dios es nuestro Guía, ¿qué podemos temer? Él nos ha provisto un Guía de tres dobleces para nuestro camino — Su perfecta Palabra, el Espíritu Santo que mora con nosotros, y el poder de la oración: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad» (Filipenses 2:13).

Pensamiento para hoy:

Nuestro objetivo en esta vida siempre debe ser el cumplir Su propósito por habernos creado.

Lectura opcional: Lucas 3

Versículo de la semana para aprender de memoria: Efesios 3:18

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