2 Chronicles 4

En la lectura de hoy:

Los utensilios del templo; el arca es traída al templo; la nube del Señor llena el templo; la oración de dedicación de Salomón

Los israelitas se reunieron alrededor de Salomón mientras que «se puso luego Salomón delante del altar de Jehová . . . y extendió sus manos. Porque Salomón había hecho un estrado de bronce (y) . . . se arrodilló delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo . . . » (II de Crónicas 6:12-13). Era muy común para el pueblo de Dios levantar las manos en oración y en alabanza (Salmo 63:3-4). Las manos levantadas hacia el cielo es una señal de sumisión de un sincero corazón y de adoración. Por seguro hubiese sido natural levantar nuestras manos y de arrodillarnos en humildad delante del Dios Viviente.

Salomón empezó su oración, diciendo: «Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a Ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con Tus siervos que caminan delante de Ti de todo su corazón . . . para que todos los pueblos de la tierra conozcan Tu nombre, y Te teman así como Tu pueblo Israel, y sepan que Tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he edificado» (II de Crónicas 6:14,16,33). Tristemente, sus pláticas no fueron evidentes en su conducta.

Salomón también había orado: «Si Tu pueblo Israel fuere derrotado delante del enemigo por haber prevaricado contra Ti, y se convirtiere, y confesare Tu nombre, y rogare delante de Ti en esta casa, Tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de Tu pueblo Israel . . . para que todos los pueblos de la tierra conozcan Tu nombre, y Te teman» (6:24-25,33). Es también conmovedor saber que no hay ningún registro de que Salomón se arrepintió de sus pecados.

En algún lugar, en este mismo momento, en una cama de un hospital o en una celda de una prisión, enfrentándose a perder un trabajo o a las crueles experiencias de los problemas familiares, por todo el mundo hay personas arrepintiéndose de sus pecados, buscando en la Palabra de Dios la dirección para sus vidas, y llegando a ser fortalecidos en su fe. Es tan maravilloso conocer el gran amor que Dios tiene para con nosotros. «(Mas) siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo» (I de Corintios 11:32). Los mejores años de nuestras vidas pueden ser el resultado de algún fracaso, de alguna angustia, o de la soledad que muchas veces nos llevan a encomendar nuestras vidas al Señor. Podemos llegar a ser las personas que Dios quiere que seamos. El sufrimiento puede llegar por medio de Dios, por medio de Satanás, o por nuestras propias malas decisiones; pero Dios lo puede usar todo y así lo hará para nuestro bien si volvemos a Él en fe. «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8:18).

Pensamiento para hoy:

¿Estamos tan ocupados esperando el halago del mundo que se nos olvida alabar a Dios?

Lectura opcional:

I de Corintios 9

Versículo de la semana para aprender de memoria: Hebreos 6:1