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El Camino Bíblico - 26 de Febrero

  • 2012 Feb 26
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Numbers 19

En la lectura de hoy:

El sacrificio de la vaca alazana; la muerte de María; Moisés golpea la peña con su vara dos veces; Edom se niega a darle paso a Israel; la muerte de Aarón

El sacrificio de la vaca alazana fue instituido en el desierto de Parán en el momento que todo Israel estaba bajo sentencia de muerte. La Ley requería esto: «Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó» (Números 19:13).

La sangre de la vaca alazana se quemaba con todo su cuerpo, y su ceniza se mexclaba con el agua que corría, y se rociaba sobre los que estaban contaminados para restaurarlos al Dios Santo. La palabra en hebreo para «que corría» también significa «viviente» — implicando no sólo la limpieza del pecado, pero una vida renovada. El agua de la purificación fue hecha de las cenizas de una vaca alazana, la cual era suficiente para ofrecerla por todo el pueblo.

Por medio de la ordenanza de la vaca alazana, Dios dio una nueva revelación de lo importante que es la limpieza de la contaminación — sea por medio de nuestros pensamientos, nuestra conversación, los libros que leemos, nuestra asociación con incrédulos, o cualquier otra cosa que contamine nuestras mentes o cuerpos. Dios ha dicho: « . . . Sed santos, porque Yo soy Santo» (I de Pedro 1:16).

La vaca alazana es simbólica de Jesucristo. Por medio de Su muerte en la cruz, «por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia» (II de Pedro 1:4). Es el perfecto plan de Dios que la vida de Cristo sea reproducida en cada creyente.

Desde que la humildad es el camino para vencer el orgullo, el celo, la avaricia, y la envidia, algunos dicen que debemos de orar por la humildad; pero la verdadera necesidad es de orar para que Cristo sea magnificado en nuestras vidas. Dios no nos da la humildad, la paciencia, o el amor como dones separados de Su gracia. El Cristo que mora en nosotros es la respuesta a cada necesidad. Mientras que oramos para que Él viva Su vida en nuestras vidas, entonces es que mostraremos la humildad, la paciencia, el amor, y todas las cosas que revela Su carácter. El apóstol Pablo nos dijo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí» (Gálatas 2:20).

Pensamiento para hoy:

Cuando tratamos de impresionar a otros con nuestra importancia, el Señor no será glorificado en nosotros.

Lectura opcional: Lucas 8

Versículo de la semana para aprender de memoria: Efesios 3:19

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