Lea Matthew 10

En la lectura de hoy:

La misión de los doce apóstoles; las preguntas de Juan el Bautista; Jesús anuncia el juicio sobre las ciudades que no se arrepienten; la gran invitación

«Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces (Jesús) dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies» (Mateo 9:36-38). En respuesta a esta necesidad, Jesús eligió sólo doce hombres ordinarios quienes Él mismo enseñó, diciéndoles: «Yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas» (10:16-17). La persecución de los creyentes, muchas veces poniéndoles presión para comprometerse a lo malo, es siempre una prueba de nuestra sinceridad. Los tiempos de paz nacional muchas veces causan que las «ovejas» se vuelvan indiferentes, pero durante los tiempos de persecución, las «ovejas» descubren que ellas tienen que depender en su Pastor. Los lobos son los enemigos naturales de las ovejas. Aunque los «lobos» (los falsos profetas) en forma humana a veces aparecen como «vestidos de ovejas» (7:15), su indiferencia a la Palabra de Dios llega a ser evidente. Igual que Satanás (4:5-6), los lobos también citan sólo algunos versículos que apoyan sus planes.

El creyente ha recibido una naturaleza «como el de las ovejas» simbólico a la inocencia y nunca a la corbardía. Las ovejas, en su naturaleza verdadera, siempre están necesitadas de un pastor o sino se extravían y fácilmente se convierten en víctimas. Aun peor, si una se va del rebaño, todas las otras ovejas le siguen sin propósito. Nunca hay seguridad entre muchas ovejas; un pastor siempre se necesita. «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas» (Isaías 53:6) y necesitamos a Jesucristo, «el Buen Pastor» (Juan 10:11,14), para que nos guíe diariamente.

Junto con Jesucristo, el creyente puede pararse firme al frente del más feroz enemigo. Él nos da más seguridad, diciéndonos: «no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28). El creyente no tiene ninguna razón para suponer o esperar la bondad de un mundo hostil cuando su propio Maestro se tuvo que enfrentar a feroces enemigos en Su ministerio aquí en la tierra. Jesús les dijo a Sus seguidores: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes Yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. . . . Si a Mí Me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Juan 15:19-20).

Pensamiento para hoy:

Los mansos son pacientes cuando se enfrenten a las dificultades. (Mateo 5:5)

Versículo de la semana para aprender de memoria: Mateo 7:1