Deuteronomy 21

En la lectura de hoy:

Las leyes sobre los asesinatos y las mujeres cautivas de guerra, sus matrimonios, sus divorcios; la propiedad de otro; leyes humanitarias y las relaciones humanas

Los israelitas habían sido enseñados que todo pertenecía a Dios y que ellos eran solamente los que cuidaban Sus posesiones. Porque ellos estaban en un pacto de relación con el Señor, ellos eran responsables también del bienestar y de la propiedad de sus vecinos: «Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano» (Deuteronomio 22:1-4).

Bajo las leyes de nuestro país, puede que no seamos responsables para cuidar de que otras personas no tengan pérdidas financieras. Pero nuestra responsabilidad como administradores de la gracia de Dios requiere que estemos listos para ayudar en las necesidades de otras personas con un espíritu de amor al igual que Cristo.

En el Sermón del Monte, nuestro Señor enseñó a Sus seguidores de ir más allá de solamente ayudar a preservar la propiedad de un vecino. Como discípulos de Jesucristo, tenéis que « . . . Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:44-45).

Jesús ilustró bien esto cuando dijo: «Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones . . . dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote . . . Asimismo un levita» (el ministro oficial del templo), « . . . y viéndole, pasó de largo» (puede que habían terminado sus responsibilidades religiosas en Jerusalén, e iban en camino a sus casas en Jericó, la ciudad de las palmeras, donde muchos de los sacerdotes del templo vivían. Si cualquiera de los dos paraba a ayudar a este hombre herido, entonces se hubiesen contaminado y estuviesen inmundos para las ceremonias del templo). «Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia» (no buscó excusas para ver si el hombre herido se merecía su ayuda o no), «y acercándose, vendó sus heridas . . . y cuidó de él» (Lucas 10:30-34).

El apóstol Juan fue guiado a recordarnos: «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (I de Juan 3:18).

Pensamiento para hoy:

Debemos de aprovecharnos de cada oportunidad que tenemos para expresar el amor de Cristo a todos los que nos rodean.

Lectura opcional: Lucas 23

Versículo de la semana para aprender de memoria: Filipenses 2:13