Padres heridos, hijos heridos

Jeremiah 32:17-19

Con frecuencia, cuando lidiamos con personas difíciles, es fácil formarse juicios acerca de ellas por sus acciones. Pero ¿alguna vez se ha detenido usted a pensar qué ha hecho antipática o necia a esa persona? Cuando la Biblia dice que Dios “castiga la maldad de los padres en sus hijos” (v. 18), está hablando de ciclos generacionales de pecado. A menos que alguien del linaje de la familia tome la decisión deliberada de cambiar, la conducta pecaminosa y disfuncional se transmitirá de padres a hijos durante muchas generaciones.

Esto es, en realidad, solo una confirmación del principio de la siembra y la cosecha. Transmitimos los patrones de conducta y los rasgos de carácter que recibimos de nuestros padres. Si no estamos dispuestos a cambiar nuestras costumbres y actitudes pecaminosas, es muy probable que ellas se reflejen en las vidas de nuestros hijos.

Lo que es cierto para el pecado, lo es también para las heridas. Cuando un niño es herido emocionalmente, su conducta y su carácter pueden verse afectados negativamente. Con esto en mente, piense en una persona difícil que usted conoce. ¿Qué heridas cree usted que moldearon su vida? Un corazón compasivo tiene su origen en la disposición de identificarse con los sentimientos de quienes han sido heridos. Esto no excusa el pecado de alguien, pero sí nos ensancha el corazón hacia esa persona.

¿Y usted? ¿Han contribuido las heridas de su infancia a ser lo que es hoy? Si usted no se ha ocupado de ellas, es probable que transmita esas mismas heridas a sus hijos. Pero, con la ayuda de Dios, puede romper este ciclo y comenzar uno nuevo para beneficio de las futuras generaciones.

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