Julio 4

La morada del Espíritu Santo

1 CORINTIOS 6.19-20

Cada vez que los programas de noticias informan sobre algún acto de vandalismo en una iglesia, los creyentes se sobresaltan. Es difícil para nosotros soportar la idea de que alguien pinte con graffitis las paredes del santuario, o que dañe las ventanas, y más aún que le prendan fuego a un lugar de culto. ¡Es un sacrilegio! La iglesia es un lugar sagrado.

Pero me entristece el hecho de que muchos cristianos no sientan la misma aprensión cuando se trata de dañar el templo del Espíritu Santo: sus propios cuerpos. Algunos ponen chatarra en sus estómagos, en sus venas o en sus pulmones. Otros se desgastan físicamente por el peso del estrés o el agotamiento. Algunas personas justifican estos abusos como su derecho, diciendo: es mi cuerpo, y puedo hacer lo que quiera. Pero eso no es verdad.

Primera a los Corintios 6 dice que los creyentes son propiedad del Señor (v. 19). Él ha formado estos vasos de barro para servirle y llevar a cabo la tarea que ha dispuesto para nosotros. Dios nos creó con una mente, un cuerpo y un espíritu; y de los tres, el cuerpo es el que nos permite interactuar con nuestro entorno. Las personas no pueden alcanzar todo su potencial si dejan de lado el cuidado de sus cuerpos. ¿De qué sirven la educación, el talento, y los dones si estamos demasiado cansados o enfermos para hacer bien nuestro trabajo?

En este mundo no podemos hacer nada sin nuestro cuerpo físico. Puesto que es el único que tendremos en esta vida, debemos esforzarnos por mantenerlo en buenas condiciones. Debemos reconocer también nuestra responsabilidad de tratar el cuerpo terrenal como la morada sagrada y especial que es.

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