Marzo 10

Jesucristo, el Hijo de Dios

John 20

En los versículos de hoy, Juan quiere que sepamos “que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (v. 31). Pero, ¿por qué es tan importante que creamos que Él es el Hijo de Dios? La razón más obvia es porque nuestra salvación, y por tanto nuestro destino eterno, depende de nuestra fe en esta verdad. Pero, después de ser salvos, la divina identidad de Cristo debe seguir transformándonos.

Primero, el Hijo ofrece una comprensión más profunda del Padre. Puesto que Jesús es Dios y hombre, Él está singularmente capacitado para ayudarnos de esta manera. Cuando estudiamos su vida, los aspectos del carácter y los caminos de Dios que son difíciles de captar por nuestra mente humana, cobran vida por la enseñanza y el ejemplo de Cristo.

También nos muestra lo que podemos llegar a ser. El Señor ha prometido transformar a cada de cada uno de sus seguidores a la semejanza de su Hijo. Aunque nunca seremos perfectos, ni tendremos los atributos divinos de Cristo, podemos tener su carácter en nuestras vidas si nos sometemos al Espíritu Santo. Cristo es nuestro ejemplo de las actitudes, palabras y acciones que agradan a Dios.

Otra manera como el Señor nos afecta, es inspirándonos gratitud. Reconocer el sacrificio que Él hizo por nosotros al dejar las glorias del cielo para ser nuestro Salvador, nos llena de alabanza y agradecimiento.

Permita que Jesús le motive a tener una vida de pureza. Puesto que Él mora en cada creyente por medio de su Santo Espíritu, en nuestras vidas no tienen cabida pensamientos, actitudes, palabras y acciones egoístas y pecaminosas. Esté consciente de que Él está siempre con usted, y deje que Él dirija sus decisiones y purifique su vida.

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