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Susurros Nocturnos - 29 de Abril, 2016

  • 2016 Apr 29
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Apr 29 Recibiéndole: El derecho a pertenecer

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Recibiéndole: El derecho a pertenecer

Juan 1:10-12

El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de Él, pero el mundo no lo reconoció. Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. NVI

¿Quiénes pueden salvarse? ¡El mundo entero! ¿Quiénes serán salvos? Todos los que lo reciban. Recibir a Cristo, creer en Su nombre, equivale a recibirlo y reconocerlo como el Mesías prometido, tanto internamente en nuestro corazón como externamente con nuestra boca; con arrepentimiento, reconocerlo como ‘el Enviado’ quien vino como la víctima que vino a quitar todos los pecados del mundo. De alguna forma, este ‘recibir’ por medio del arrepentimiento se combina con la bondad de Dios en la conversión, por medio de la cual, somos adoptados legalmente en Su familia, unidos espiritualmente a Su Hijo y también hechos a la semejanza de la Familia Real, como testimonio de la pertenencia eterna con el gran sello del Rey.

Por eso, nosotros pecadores y herederos de toda maldición, cuando creemos y recibimos por medio del arrepentimiento a Jesús el Salvador del mundo, nos convertimos en herederos de todas las bendiciones, y esto es únicamente por la gracia de Dios que se encuentra solamente en Su Hijo unigénito. Así, de este lado del cielo, no existe una posición de mayor privilegio, ni de mayor honor, dignidad o justicia que pueda ser conferida a un ser humano que el ser llamado un hijo de Dios. Increíblemente, este es el derecho de todos aquellos que lo reciben. Sin embargo, recuerda que sigue siendo un privilegio; sí, un gran privilegio que se nos da gratuitamente a los que le recibimos por fe. Ahora bien, podemos hablar de este ‘recibir’ como un privilegio porque sabemos, a través de todo el consejo de Dios, que sólo arrepintiéndonos creeremos y recibiremos la salvación. Únicamente los pecadores que después de haber sido condenados son redimidos, saben qué gran privilegio es pertenecer a Jesús. Tal privilegio está marcado por el honor, la humildad y el temor. No obstante, no vemos demasiado de esta trinidad los domingos por la mañana, ¿o sí? 

Por lo tanto y para resumir, como es nuestro derecho Divino como Reyes el ser llamados desde ahora hijos de Dios, examinemos en qué forma estamos viviendo en el presente. ¿Será como un mendigo ignorante o como un Príncipe honorable? Si estás viviendo como mendigo querido cristiano, si te encuentras en la alcantarilla, entonces a ti te grito: “¡ARREPIÉNTETE! ¡Levántate! El rostro erguido, el pecho hacia adelante y los hombros atrás. Levántate hermana, ¡no esperes! Que la belleza de la santidad fluya sobre tus hombros. Mírate en el espejo y ve el amor de Jesús en ti. ¡Hombre, sé un Rey hoy, y tú mujer, sé una Reina! Párate derecho hermano, pues todos somos el verdadero nuevo Orden Mundial, somos los viejos huesos unidos y resucitados de los muertos; ¡hemos sido lavados y estamos limpios! Por eso, revistámonos de honor, de humildad y del temor de Dios. Caminemos en esa relación de hijos que se nos ha concedido a nosotros, ¡los que de todo corazón, nos hemos arrepentido!

Reflexiona:- ¡Fíjense que gran amor nos ha dado el padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1 Juan 3:1-3 NVI

Ora: -  Padre, haz que todas las glorias que han de venir sobre los hijos de Dios brillen en nuestra mente. Padre, que Tu gloria se eleve como cálido sol en nuestros corazones y nos fortalezca para caminar dignamente por Ti en este mundo oscuro. Ayúdanos Oh Señor para que seamos vistos como los verdaderos hijos de Dios, tan humanos como podamos ser y tan parecidos a Ti como sea posible para nosotros, pecadores redimidos de este lado del cielo. Amén y amén.

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