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Susurros Nocturnos - 9 de Septiembre, 2016

  • 2016 Sep 09
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Sep 9 Las fosas nasales de Adán

OLFATEA

1 Corintios 12:17

 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato?

Las fosas nasales de Adán

Sin duda, habrán escuchado el viejo chiste:

Afirmación: “¡Mi perro no tiene nariz!”
Pregunta: “¿Y cómo huele?”
Respuesta: “¡Horrible!”

No es gracioso, ya lo sé. Horrible es, la forma en que huelen nuestros autos cuando los dejamos parados por mucho tiempo. Debemos abrir las ventanas, prender el aire acondicionado, limpiar la basura que se acumuló debajo de los asientos y en los compartimientos de las puertas y, probablemente, ¡conseguir un nuevo aromatizante!

Mi suegra, tristemente, no tenía buen sentido del olfato. ¡Es cierto! Cuando era joven, hizo amistad en la escuela con un marginado, simplemente porque ella era la única persona que no podía oler el terrible hedor corporal que emanaba de esta persona tan sucia. ¡Es verdad! Cuando todos se alejaban por la repugnancia que el olor les causaba, la falta de olfato de mi suegra le permitió ser amable, pues el olor no la ofendía. Ahora, ¡aquí hay algo que podemos sacar de esto!

Nuestro sentido del olfato es uno de nuestros dos sentidos químicos, el otro es el del gusto. Sin embargo, el sentido del olfato es el dominante y el del gusto está siempre sujeto a él. Resfríense, bloqueen su capacidad de olfatear, su capacidad de oler, y se darán cuenta que hasta la más deliciosa comida, les sabe insípida.

¡Nuestro sentido del olfato es tan poderoso que cuando tú hueles un zorrillo, estás oliendo sólo 0,000,000,0020 gramos de su olor! ¡Quizás el aroma del zorrillo es muy poderoso! ¡Ja! De todas formas, no importa cuán poderoso sea nuestro sentido del olfato, no hay dos personas que puedan experimentar el mismo aroma exactamente de la misma forma. Una rosa puede oler mucho más dulce para ti que para otros. Incluso nuestra capacidad de detectar olores cambia a lo largo del día y el sentido del olfato de una mujer es mucho más agudo que el del hombre (ni me lo digan) y esto está relacionado con sus niveles cíclicos de estrógeno. Sí, el olfato es relacional, direccional y ¡sigue trabajando cuando dormimos! ¿Sabían que existen relojes despertadores que lo pueden despertar a uno por las mañanas de manera silenciosa y hacen esto emitiendo un aroma conocido que dice “despierta”? ¡Tal vez sea el olor del café recién hecho o del pan recién horneado! ¿No les parece sorprendente?

¡Ahhh el olfato! ¿No es maravilloso? Sin embargo, ¿han notado que a pesar de que podemos diferenciar entre más de 10,000 olores diferentes, nuestro vocabulario es muy limitado en su capacidad descriptiva para ‘pintar’ y ‘explicar’ esas cualidades olorosas a otra persona? Observen cualquier evento de cata de vinos y se sorprenderán de la frecuencia con que se adopta la descripción de otros olores para describir el aroma de un vino en particular.

¡Ahhh olores y narices! Encuentro muy interesante que Dios haya soplado vida/vidas en las fosas nasales de Adán. No se trató de resucitación boca a boca como la conocemos, no fue un beso santo ¡no! Esto fue el acto de infundir inmortalidad y recuerden bien esto, ¡este acto de infundir vida llegó a través de las fosas nasales! Algunos dicen que esto es indicativo de la activación de la mente consciente, otros que el espíritu de un hombre reside en su cabeza, después de todo, estar completamente muerto es tener muerte cerebral. Bueno, dejaré estas discusiones y divagaciones a su consideración. Mi punto, sin embargo, es el siguiente: Dios sopló vida en el primer hombre a través de su nariz. Sí, Dios hizo las narices y los olores y Dios se deleita en los aromas dulces y agradables. Así que, déjenme preguntarles: “¡Cómo huelen ustedes, para Dios? ¿A qué huelen ustedes, para otras personas? ¿Despiden ustedes un aroma dulce y agradable o tienen un olor fétido?”

Cuando el Espíritu Santo abre las membranas olfativas en el corazón de otras personas, nosotros, los que tenemos a Cristo, nos convertimos para ellos en intrigantemente olorosos, atrayentes y de aroma dulce. Para nosotros que nos convertimos en Cristianos, todas las otras personas que conocemos, todos los otros no Cristianos, por así decirlo, ¡de alguna manera no huelen bien para nosotros! Piensen en ello. Aparentemente, este mal olor es aún peor para los no Cristianos cuando ellos huelen a los Cristianos, porque, y esto es muy interesante, nosotros los Cristianos, dijo Dios, tenemos un hedor muy desagradable para aquellos en quienes el Espíritu Santo debe aún activar la dulce membrana del cielo que permanece dormida dentro de ellos. Oh sí, para ‘la nariz’ no-salva y degenerada, no arrepentida y condenada a muerte, nosotros, los seguidores de Jesús, ¡olemos verdaderamente mal!

Vigilen y oren amigos, vigilen y oren para que la salvación y la vida, de una forma u otra, ¡dejen su marca alrededor de las fosas nasales de los hombres!

Reflexiona: “Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para éstos somos olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquéllos, olor de vida que los lleva a la vida. ¿Y quién es competente para semejante tarea?” - 2. Corintios 2:14-16 

Ora: Padre, gracias por el dulce y reconfortante aroma que el sacrificio de Tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, es para Ti, de una vez y para siempre, por toda la eternidad. Amén. Ahora Padre Dios, haz que todos nuestros sacrificios sean para Ti fragancias dulces y que nos convirtamos en un fuerte y atractivo aroma de vida para aquellos que han de conocerte y en un hedor de muerte para aquellos quienes, por el momento, no lo harán, para que aun ellos, puedan sentirse “incómodos” con nosotros, en esta vida. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

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