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Alimento Diario - 3 de Marzo, 2018

  • 2018 Mar 03
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Marzo 3

Leer Lucas 19:37-40

LAS PIEDRAS CLAMAN

Pero Jesús les dijo: “Si éstos [sus discípulos] callaran, las piedras clamarían.” (Lucas 19:40)

¡Qué escena! Jesús rodeado de personas, todos alabando a Dios en voz alta gritando de alegría: “¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor!” ¡Qué fiesta! Palmas y mantos cubriendo el camino y en medio de esa alegría Jesús, así como debe ser. Por un momento, la humanidad hizo bien las cosas.

Pero había algo que estaba fuera de lugar. Un pequeño grupo de hombres le dice a Jesús: “Maestro, ¡reprende a tus discípulos!” (Lucas 19:39a). ¿Por qué? ¿Qué les molestaba de la alegría del momento?

Probablemente era la razón de esa alegría: la multitud estaba alegre porque Dios había enviado al Mesías, a Jesús, el Salvador y Rey de Israel. Los fariseos no lo creían. Ni siquiera se les ocurría pensar que la multitud pudiera estar en lo cierto. Por eso trataron de acabar con la celebración. Era algo indigno, incorrecto y equivocado.

Pero Jesús no lo iba a permitir. Jesús les dijo: “Si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:39b).

Alegrarse en la presencia del Señor es algo natural. Es justo y saludable que le demos gracias y le adoremos. Como dice el profeta Amós: “Si el Señor habla, ¿quién no profetiza?” (Amós 3:8b). Alegría, expresión, alabanza… todo esto fluye naturalmente cuando Dios viene a nosotros. Aun las piedras clamarían.

Demasiados son los días en los que mi corazón está más cerca del de los fariseos que del de los discípulos: malhumorado, gruñón, vanidoso, poco dispuesto a reconocer a Cristo parado delante de mí. Necesito ayuda. Todos la necesitamos. Y Jesús vino para dárnosla y transformar nuestros corazones de piedra en corazones vivos dispuestos a amar y a responder a Dios con alegría. Esa misma semana Jesús daría su vida y resucitaría, para que nosotros también podamos gritar de alegría.

Oración: Querido Padre, ayúdame a vivir con alegría por todo lo que tu hijo Jesús ha hecho por mí. Amén.

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