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Alimento Diario - 17 de Octubre

  

La victoria de Jesús

¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:57-58

Hace unos años había una canción que mencionaba algunas cosas que uno no debía  hacer, como por ejemplo salivar contra el viento, o desenmascarar al Llanero Solitario.

Una vez también salió publicada una noticia que hablaba de otra cosa que una persona inteligente debería evitar hacer: tratar de robar la casa de un jugador de rugby. 

Porque eso fue lo que dos hombres hicieron. Sólo que, al escuchar el ruido de vidrios rotos en la planta baja de su casa, este jugador enseguida llamó a la policía, pero,  cuando uno de los ladrones entró en su dormitorio, lo golpeó con uno de los postes que había desatornillado de su cama. Ese ladrón terminó en el hospital y el otro en la policía.

¿Qué tiene que ver esa historia con nosotros? A mí me parece que es una buena historia para que los cristianos recordemos, porque para los que nos ven de afuera, los cristianos somos como la casa de ese jugador de rugby—fáciles de burlar y de ser abusados.

Pero lo que el mundo incrédulo no sabe, es que los cristianos nunca estamos solos, pues el salvador Jesucristo vive siempre en nuestros corazones. Y porque él vive en nuestros corazones, si el pecado, el diablo, o la muerte quieren robarnos, primero tienen que arreglárselas con él.

Con su vida, sufrimiento, muerte y resurrección, nuestro Salvador ha demostrado que de ninguna manera va a dejar que un ladrón nos aparte de Él. Por esto San Pablo pudo escribir un mensaje de consuelo y aliento a la iglesia de Corinto, mensaje que es válido también hoy para usted y para mí: "¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!"

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, gracias a tu sacrificio en la cruz yo estoy a salvo de quienes quieren imponerse en mi vida para tratar de robar mi alma. Ayúdame para que, por la victoria que tú me das, pueda vivir en agradecimiento a ti y testimonio a quienes me rodean. En tu nombre. Amén.

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