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Alimento Diario - 9 de Marzo

  

Esa no es mi tarea

Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Llegó la hora de la cena. El diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que traicionara a Jesús. Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.  Juan 13:1-5

Imagine que está en un restaurante con su familia. Están sentados, pero aún no los han atendido. Ni siquiera les han dado los menús. ¿Cuánto tiempo esperarían? ¿Quién sería el primero en levantarse y hacer algo? ¿Cuánto haría esa persona para llamar la atención de alguien? ¿Iría mamá a la cocina y se pondría a cocinar? ¿Se levantaría papá de la mesa y llevaría a toda la familia a otro restaurante?

En el Aposento Alto, en la noche de la Pascua, no había un sirviente para lavar los pies a los invitados, así como era costumbre. Sin embargo, ningún discípulo se ofreció a hacerlo. Jesús aprovechó las circunstancias para enseñar a sus discípulos una lección acerca de lo que es servir: él mismo se arrodilló, y les lavó los pies.

¿Cómo vivimos nuestra vida: sirviendo, o siendo servidos? ¿Qué quiso decir Jesús cuando les dijo a sus discípulos: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros” (Juan 13:14)? ¿Cómo puede el amor de Jesús, quien estuvo dispuesto a servirnos y morir por nosotros, ayudarnos a que el servicio no sea una carga, sino una nueva forma de vida en la cual somos “pequeños Cristos” para los demás?

Que mi vida entera esté

Consagrada a ti, Señor;

Que a mis manos pueda guiar,

El impulso de tu amor.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdanos a recordar cuánto nos amas, y a amar y cuidar a los demás. Amén.

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