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Alimento Diario - 28 de Diciembre, 2017

  

Cuando Herodes vio que los sabios lo habían engañado se enojó mucho y, calculando el tiempo indicado por los sabios, mandó matar a todos los niños menores de dos años que vivían en Belén y en sus alrededores. (Mateo 2:16)

EL SUFRIMIENTO DE LA NAVIDAD

En el día de hoy, la iglesia recuerda a los niños de Belén que Herodes ordenó asesinar. Este es el lado oscuro de la Navidad, el que nunca se ve en las tarjetas de Navidad y que raramente es mencionado en nuestros festejos. Aunque quizás debería serlo, porque lo que sucedió con esos niños apunta a algo que ha sido parte de la vida de Jesús en la tierra desde el principio, algo que nosotros también experimentamos: el poder del pecado, la muerte y el diablo.

La Navidad debería ser un tiempo de alegría, al menos así dice el mundo; pero todos sabemos que para muchos también es un tiempo de dolor. Esos padres de Belén nunca olvidaron la muerte de sus niños. Cada vez que llegaba esa época del año, volvían a recordarlo. Nosotros también recordamos: la primera Navidad sin nuestro padre o nuestra madre, la quinta desde nuestro divorcio, la segunda desde el diagnóstico de cáncer. Cuando nos reunimos con la familia, nos damos cuenta de cuántos ya no están más con nosotros. Y cada vez que recordamos, nos duele.

Ni los niños de Belén ni Jesús escaparon al sufrimiento. Pero Jesús lo redimió, tanto para ellos como para nosotros. Jesús tomó su propia experiencia de traición, sufrimiento y muerte y la transformó en el mayor triunfo que el mundo jamás ha conocido. Con su sufrimiento nos liberó del poder del pecado, y con su resurrección rompió el poder de la muerte para todo aquél que en él cree.

Ahora hay esperanza para nosotros y para nuestros seres queridos. Ahora sabemos que la muerte no es el punto final, y que el amor de Dios ha triunfado sobre lo peor que el diablo puede hacer. Todavía sufrimos, todavía lloramos; pero sabemos que, porque pertenecemos a Jesús, vamos a compartir su victoria. Jesús, y no la muerte, va a tener la última palabra.

ORACIÓN:Querido Señor, gracias por redimirnos. Acércanos cada vez más a ti en fe y confianza. Amén.

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