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Con Diseño Divino - La Semana del 27 de Mayo

  • 2015 May 27
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Con Diseño Divino

No basta con ser inteligente

De la Palabra de Dio: “El temor del Señor es la base de la sabiduría. Conocer al Santo da por resultado el buen juicio” (Proverbios 9:10).

Se puede ser muy inteligente, con gran capacidad para entender o comprender, pero no ser sabio. La sabiduría va más allá de la capacidad, es el grado más alto del conocimiento y está presente en nuestro actuar. El mundo está lleno de mujeres inteligentes, brillantes, pero lamentablemente tenemos una escasez de mujeres sabias. Anhelo ser una mujer sabia, pero sabia a la manera de Dios. Y fue justo ese anhelo lo que me llevó a buscar lo que Dios enseña al respecto.

¿Qué es sabiduría para Dios? La definición está en el versículo del principio: “El temor del Señor es la base de la sabiduría. Conocer al Santo da por resultado el buen juicio” (Proverbios 9:10).

Pero, antes de que te asustes o te lleves la idea equivocada, déjame decirte que esa palabra temor no es lo que quizá estés pensando. No se trata de un miedo como el que les tenemos a las cucarachas o el que puedas sentir ante el diagnóstico de una enfermedad grave o una mala noticia que te deja paralizada, aunque sea momentáneamente, y te vira el estómago al revés. Esta palabra, temor en el original hebreo indica más bien respeto, reverencia, piedad reverenciada. Todo comienza por ahí.

La mujer sabia es aquella que muestra respeto y reverencia a Dios. Tú yo necesitamos entender que Dios es Dios, soberano, Creador de la vida y de todo lo que nos rodea. Ese título solamente le acredita reverencia. Pero además, para mostrar a Dios respeto y reverencia tenemos que saber cuáles son los principios que él establece, qué es lo que Dios ama, qué le desagrada, cómo espera Dios que yo viva. Y luego actuar consecuentemente. Ahí está la base de la sabiduría.

Si te fijas, la segunda parte de este versículo nos dice que al conocer al Santo tendremos buen juicio. Pero es imposible conocer a alguien a distancia. Se necesita una relación, y las relaciones implican tiempo, dedicación. ¿Cómo logramos eso con Dios si no podemos verlo ni palparlo? Al leer y estudiar su Palabra y mediante la oración. No existe otra manera. El buen juicio que anhelamos, la sabiduría que queremos, comienza por buscarlos en lo que Dios ya nos ha dicho, pues ese conocimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, es lo que nos sirve de base.

Puedo recordar, muchas más veces de las que quisiera, las ocasiones en que no he actuado con sabiduría, he olvidado lo que Dios me enseña. Quizá tú también puedes decir lo mismo, y por esa razón, no nos consideramos mujeres sabias. Déjame animarte con algo que viene de parte del mismo Dios y que de cierta manera también es la base de este libro: “Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla” (Santiago 1:5). Ese es el paso inicial.

Ya sabemos cuál es la base de la sabiduría, cómo se define y en qué consiste. Ahora nos toca actuar. Tenemos que pedirle a Dios que nos dé sabiduría. Ese reconocimiento humilde de que solas no podemos, que carecemos de sabiduría, nos abre la puerta a Dios porque Él promete que nos la dará si lo hacemos.

Una gran parte del libro de Proverbios se le atribuye al rey Salomón. Incluso aquellos que nunca han tomado una Biblia en sus manos han escuchado frases como: solución salomónica; Salomón, el rey más sabio; ni el sabio Salomón, etc. Y es que este rey judío, cuando tuvo la oportunidad dada por Dios mismo de pedir cualquier cosa, solo pidió una: sabiduría. A Dios le agradó tanto esta decisión del joven Salomón que además de concederle su petición, le hizo grande como ninguno. Mira la respuesta que Dios dio al pedido de Salomón:

“Por cuanto tu mayor deseo es ayudar a tu pueblo, y no pediste abundancia ni riquezas ni fama ni siquiera la muerte de tus enemigos o una larga vida, sino que has pedido sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo como es debido, ciertamente te daré la sabiduría y el conocimiento que pediste. ¡Pero también te daré abundancia, riquezas y fama como nunca las tuvo ningún otro rey antes que tú y como ninguno las tendrá en el futuro!” (2 Crónicas 1:11-12)

Sin embargo, no podemos quedarnos ahí, en la petición. También tenemos que estar dispuestas a obedecer lo que Dios nos dice porque cuando busquemos conocer al Santo y le mostremos respeto y reverencia, entonces, por defecto, actuaremos con buen juicio tanto en lo grande como en lo pequeño.

Esta lectura forma parte de mi libro “Una mujer sabia”, disponible ya en amazon. Puedes leer todos los detalles haciendo clic aquí. ¡Te invite a sumarte al estudio que estamos haciendo en mi blog!

Vamos a vivir sabiamente, como Dios lo diseñó.

Wendy 

© 2015 Wendy Bello

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